06 enero 2006

NOSTALGIA DE TALLER

En esta tarde bochornosa, en que intento empezar/terminar/desanudar un cuento, se me da por extrañar la época dorada en que concurría a talleres literarios. Cuando uno sabía que para el jueves debía tener un cuento, o volvería a leer fulanito, y fulanito siempre leía y se llevaba toda la gloria y las críticas. Más allá de enseñarte lo que es una metonimia, o de criticarte hasta el llanto la manera en que escribiste una línea, el taller me ofrecía disciplina. Había que escribir para leer, o responder a una consigna para ser parte. Disciplina. Eso. Llegar cada jueves y que te preguntan: ¿escribiste? ¿vas a leer hoy? Y por un lapso de veinte minutos ser el centro de tu pequeño universo literario. Y luego a otra cosa. Otro cuento. Otro ejercicio. Por supuesto que tengo disciplina. No podría de otro modo seguir escribiendo como lo hago, sin jefes, sin horarios, sin obligación, sin siquiera una promesa firme de publicación. Pero es poquita. La disciplina, digo. Se me está agotando, y encima hace calor. A veces, aunque suene perverso, quisiera tener un jefe que me presione, un horario, una fecha de entrega. Quisiera saber que hay alguien que está esperando el momento en que yo lea, o que termine el texto, o que publique. Pero la realidad es que cuando uno está solo en su casa y llega el momento de escribir, a menos que la idea sea firme y los dedos corran por el teclado sin pausa, sobre todo porque la primera línea fue la indicada (y ahí sí, ahí cantan las musas y desaparece el tiempo), se termina leyendo blogs, o mirando la tele, o hay que ir a hacer las compras, o preparando galletitas con manteca.
Sí, extraño los talleres literarios. A veces pienso en regresar, a cualquiera, como uno más, y ver qué pasa. Pero hay épocas que no regresan. Tengo que remarla sola, y lo admito, me he ido a mirar la tele allá donde tengo aire acondicionado y la culpa me persigue. En algún momento me alcanzará. El problema es que ella no es quien escribe el cuento.

1. Se ofrece el puesto de jefe. Requisitos: exigirme que escriba, presionarme, controlarme (sólo a distancia, ¿eh?).
2. ¿Quedó alguien ahí o se fueron todos de vacaciones o están leyendos otros blogs?

17 comentarios:

Ztirzo dijo...

Hola de nuevo
Yo no me ido a ningún lado, pero todo el blogomundo parece seguir dormido después de las fiestas, o simplemente siguen de vacaciones en algún lugar paradisiaco... En fin, yo no creo poder ser tu jefe puesto que yo necesito otro jajaja Aunque a veces pienso que para ejercitarme en el arte de escribir al que tanto quiero dedicarme, necesito disciplina... pero uff... a veces es más fácil leer blogs, no crees? (Si no, no estaría escribiendo este comentario, piensalo por el lado bueno!)
En fin... habrá que escribir hasta que nos hartemos o salga algo bueno y no podamos parar. Ese si debería ser un propósito de año nuevo! jajaja
Saludos!

Samanta dijo...

A mí me pasa lo mismo. Para qué hablar de mis afanes literarios, que son de exiguos a inexistentes, nisiquiera en la tesis avanzo porque no tengo que leerme el libro para la prueba y mi profe me da plazos tan etéreos que no significan nada.
Me parece que es injusto que una se pase muchísimos años de la vida (más de 20 en mi caso), sometida a las estrictas disciplinas impuestas por instituciones varias y de pronto esperen que una tenga autodisciplina. ¿Eso con qué se come? Me pregunto yo.

un burro dijo...

Hay algo que me perturba de este blog. Y es que cada vez que leo un post nuevo pienso: "La pucha, ¡a mí me pasa lo mismo!

Realmente. Como sé que nadie me va a leer, termino no escribiendo. Es terrible. Me la paso pensando en escribir: "Podría escribir esto, podría escribir aquello". Y me siento y empiezo a escribir y como las primeras líneas no son buenas, largo. O lo termino de escribir pero sin alma, digamos.

Y ya pensé en esto mismo. Necesito un jefe, un profesor, un fan. Algo.

Porque sé que cuando tengo que escribir ya, para mañana, quinientas líneas, mil líneas; no sé por qué, pero de algún modo me sale.

Ahora, cualquier taller... no sé. He ido a uno que no me convencía y fue horrible. Tengo que confiar en sus correcciones.

Me despaché. Y podría seguir. Durante horas. De pronto encontré motivación para escribir, ja: el odio. Pero les pido por favor que no me hagan calentar.

Io dijo...

Estimada, alego un toque de locura -era necesario, una extraña forma de juntar valor para lo siguiente. La cooperación es mejor que la jefatura para este caso. Que pasaria si se armaga un blogotaller? n personas -si aceptas, prometo sumarme con mi insignificante aporte- haciendo un taller de los qeu dices? la idea, no solo la del taller, sino fijarnos mutuamente metas de escritos -reconozco, jamas publique, ni estritor soy, pero amo escribir.
Por lo del jefe, usted lo tiene en usted, solo dele tiempo a que madure ese cachin que aun le falta ;).
Por otro lado, creo que la idea fuerte, la obseción concreta, *ese* libro, cuando nuestra mente lo concibe, los asuntos nos llevan a escribirlo sin mas, pero esa es una opinión muy mia ;).

juan carlos dijo...

Sí, un jefe, alguien que te presione, tal vez ayude a escribir, pero también causa angustia, al menos a mí me la causa. Yo preferiría una inyección de autodisciplina, autodisciplina en cápsulas, levantarme una mañana tan lleno de autodisciplina que ni siquiera fuera consciente de que mi deseo de escribir tiene que ver con ella. En mi caso no escribir siempre está relacionado con la crítica: siento que es absurdo escribir sin intención de publicar, que no tiene sentido escribir cuando uno sabe lo malo que es, que es una pérdida de tiempo. Yo lo que quisiera es levantarme una mañana sin asomo de crítica y saber que tengo que escribir, sólo escribir, que nada más importa. Eso sería fantástico

Verónica Sukaczer dijo...

"A mí me pasa, lo mismo que a usted, nadie me espera, lo mismo que a usted. Paso la noche llorando, paso la noche esperando, lo mismo que usted..." Quién iba a decir que una canción de Palito nos iba a identificar :-).
Impresionante todo lo que escribieron (teniendo en cuenta el calor). Me encantó eso de que vivimos bajo la disciplina de otros la mitad de nuestras vidas. Lo de la inyección de autodisciplina (¿podría venir mejor en cápsulas?). Y lo de la crítica, que creo yo en realidad es autocrítica. Con lo cual podríamos convertirnos todos en jefes de los otros, y crear un protector de pantalla que diga: "¿Escribiste algo, hoy? ¿¿¿Y para cuándo???". Y cada vez que estemos más de 2 minutos sin teclear, aparecerá el cartel (se le puede agregar una carita de jefe enojado) y nos amenazará con el despido virtual.
Hasta la próxima.
Ah, y a ver si siguen comentando, porque cuando escribo un post y se queda ahí solito... también me da cosa.

voyeur dijo...

posteá (o escribí) todos los días.
ponete eso como presión.

cariños.

Antolín dijo...

Yo me ofrezco como verdugo, si usted quiere. Tómelo o déjelo, querida amiga.

Cordin dijo...

yo me ofrezco como lector a secas.

yo dijo...

pero acaso se deba escribir sólo cuando no se pueda dejar de hacerlo.
aunque cueste aceptarlo.

Anónimo dijo...

verano en bs as, que placer! vivia por versailles, bajaba los 7 pisos, a veces por escalera a veces por ascensor, tomando el ultimo fresquito antes de salir a ese horno que era la calle, salir a caminar, que lujo! concreto roto, baldosas sanas, saltando buscaba estar bajo la copa del proximo arbol Y a la vuelta de la esquina siempre algun amigo, para seguir caminando, buscando nada ... si ya lo teniamos ... todo!

Anónimo dijo...

amigo de mis amigos, y enemigo de mi jefe ... si fuera jefe , si fuera jefe , para emplearte deberias pasar un test, como es tu sonrisa? tus ojos ... hablan? tus manos ... pueden volar? tu corazon, dejo de cumplir a los 16? buscando a tu principe, ... te volviste princesa? y la ultima, pero no la mas importante, cuando preparas galletitas con manteca, estamos hablando de criollitas con sancor y un toquesito de dulce de leche y ... un cafe con leche y ... vos!

Verónica Sukaczer dijo...

Agradezco todos sus ofrecimientos y compañías, aunque la última me sonó medio pervertidita.

Anónimo dijo...

juro que pensaba con mi estomago! sino que se caiga el techo sobre tu marido! te quiere, tu jefe malo. n. de la r. vivo en miami y toooodo lo que digo es en broma. ( por lo menos asi lo dice mi abogado )

Anónimo dijo...

Te encontre en simatildetuvieraunblog.Es la primera vez que entro en tu pag. y voy a seguir visitandote.
Creo que la mejor manera de hacerte la rutina de escribir, es pensar que hay mucha gente que pasa por tu casa, esperando encontrar algo.

Cariños Veronica, y me alegra encontrarte, no es facil que alguien que escribe se atreva a confesar que hace galletitas de manteca y mira la tele.
Graciela M.

Verónica Sukaczer dijo...

Me parece que mi jefe me está acosando. Suerte que tengo testigos.
Graciela: bienvenida y gracias por leer. Juro que las galletitas no las hago. Sólo me esfuerzo en abrir el paquete, principalmente Express o, si estoy con ataque dietético, algunas de cereal, y pasar apenas un toque de manteca, cosa de que se sienta el gusto pero no dé culpa :-).
Hasta prontito.

cp dijo...

yo estoy yo estoy! no me fui de vacaciones y sigo navegando por la blogosfera!