28 diciembre 2005

MI PROYECTO 2006

Teniendo en cuenta la moda literaria reinante, la fama y dinero que hacen quienes se prenden a ella, y obviando las críticas, ya que quienes reciben malas reseñas pueden decir que los críticos son escritores frustrados, va aquí el argumento de mi próxima novela, mi proyecto para el 2006:

Una mujer, periodista, judía, cínica (mi alter ego), que está veraneando en Israel, hace una excursión al Mar Muerto.
Al embarrarse con fines estéticos, encuentra entre el barro un trozo de pergamino que resulta ser un manuscrito perdido de la primera época del judaísmo. Allí se lee claramente que Abraham tuvo una hija y no un hijo al que Dios le pidió sacrificar. (Lo del hijo se debió a la fuerte cultura machista imperante, y a un pequeño error de traducción). El sacrificio que debía hacer Abraham, entonces, no era cortar el prepucio de su hijo, sino el clítoris de su hija.
Investigando, la periodista descubre que la verdadera tribu perdida del pueblo de Israel, la única que permaneció pura y no fue infiltrada por la cultura moderna, es la tribu de los ... (aquí va nombre, hay que investigar) que aún hoy practica la ablación del clítoris en las mujeres.
Por supuesto la periodista (que como es mujer no pudo ocultar el secreto de su descubrimiento) comienza a ser perseguida por una secta de mujeres feministas que conocía el secreto de la hija de Abraham, pero lo había ocultado por razones justamente feministas. Esta secta sabía que en el pergamino se explica la forma en que, sin el clítoris, y sin perder energía en orgasmos varios, la mujer debía encontrar el camino a la sabiduría y poder total. Ese era el regalo que Dios le había dado a la mujer.
La Iglesia también lo sospechaba, y desde la antigüedad venía buscando el pergamino para destruirlo, ya que consideraba que la sabiduría y el poder total en manos de la mujer llevaría a la destrucción del mundo, o, por lo menos, a convertirlo en un gran outlet.
También aparece aquí una secta de judíos ortodoxos de Once que saben que si ese descubrimiento ve la luz toda su cultura y creencias caerán en desuso, y no pueden permitirlo. Están liderados por el mayor fabricante de pelucas de mujer, que desea impedir a toda costa que su negocio quiebre.
Comienza una lucha y persecución increíbles a través del mundo entre: 1) la periodista; 2) la secta de las feministas; 3) la Iglesia; 4) la tribu que aún hace la ablación del clítoris, porque ahora descubren que podrían dominar el mundo y necesitan saber cómo; 5) el grupo de judíos ultraortodoxos de Once; 6) una periodista que fue amiga de nuestra periodista pero que luego se peleó a muerte con ella por un hombre, y que quiere hacerse de la primicia.
En definitiva, todos se persiguen, hay muertes, misterios, el pergamino cambia de manos pero finalmente regresa a los de la periodista buena, que en el momento final decide cortarse el clítoris ella misma, para adquirir la sabiduría y poder total, pero su mano no le responde, tiene el cuchillo ahí, a centímetros y se da cuenta de que no puede hacerlo, y entonces se acuesta con el galán de la novela (por supuesto hay una historia paralela de amor, entre la periodista y un aventurero cazador de tesoros, increíblemente parecido a Indiana Jones en su primera película, que se pierde, la salva a ella, parece que lo matan, revive, y la vuelve a salvar a lo último) quien le ofrece el orgasmo de su vida, con lo cual ella se da cuenta de que la sabiduría y el poder total no están en la ablación del clítoris sino en el amor, que todo lo puede (y que tal vez Dios, sólo tal vez, lo que buscaba en realidad era someter a la mujer y no regalarle la sabiduría y el poder total) , y que el mundo debe seguir girando sin que nadie, ni siquiera las mujeres, descubran lo que es la sabiduría y el poder total, y que debe primar la democracia y el equilibrio, y entonces vuelve a hacer el amor con el Indiana Jones y destruye el pergamino, aunque ella no sabe que en esa tribu de mujeres sin clítoris acaba de nacer una niña con extrañas marcas en su piel, que bien podrían decir lo mismo que lo que decía el pergamino o no, podría decir que es el orgasmo el camino a la sabiduría y poder total, lo cual terminaría con la religión en el mundo, cosa que hace a esa niña extremadamente peligrosa para muchos. (Pero eso lo contaré en la segunda parte de la historia). Por supuesto hay muchos baches en la historia, todavía hay mucho que limar, pero creo que está bastante bien para algo escrito en diez minutos, de una y sin relecturas.
FIN

Como es notorio que mi novela molestará a todas las religiones, a los grupos feministas, a ciertas tribus indígenas, y a la asociación de comerciantes de Once, tendré muchísima publicidad gratuita y mi libro será el más leído durante dos años en todo el mundo.

Después no digan que no les avisé.







26 diciembre 2005

EL 2005 LEÍDO

(no incluye relecturas ni libros infantiles)

"Cómo ser buenos" de Nick Hornby
"El perfume" de Patrick Süskind
"El chofer que quería ser Dios" de Etgar Keret
"Las cenizas de papá" de Graciela Cabal
"Del cielo a casa" de Hebe Uhart
"La noche del oráculo" de Paul Auster
"El librero de Kabul" de Asne Seierstad
"Animales sueltos" de Hannah Tinti
"Rey secreto" de Pablo de Santis
"Pequeños cuentos misógenos" de Patricia Highsmith
"La vida y otros síntomas" de Rudy y Pescetti

Siguen en proceso:
"Sábado" de Ian McEwan
"Una historia de la lectura" de Alberto Manguel

Preparados para la temporada de pileta y vacaciones
(un ojo en los libros, un ojo en los niños):
"Nunca me abandones" de Kazuo Ishiguro
"Inconcebible" de Ben Elton
"El rey de la milonga" de Fontanarrosa

Señor/a Supremo de la Literatura (a partir de ahora S/aSL): perdón, he pecado. He leído poco. Añoro los años de la juventud en que eran más de 60, más de 100 los libros que leía por año. De todos modos los que nombro son los nuevos, he releído, no se crea. Pero... ¿ha visto usted el precio de los libros? Y encima los que tenemos aficción por los de Anagrama... así no hay bolsillo que aguante. Admito que he tenido que optar a veces por un kilo de milanesas de nalga, y aunque eso me ha destrozado el alma, ha alimentado a mis retoños. Perdón, estoy cansada. Me levanto muy temprano y en paz, sólo para pelear a los cinco minutos con un crío que no comprende por qué debe ir a la escuela cada día de su vida, y con otro que quiere llevar al jardín su remera de Ríver en vez del guardapolvo. Perdón señor, señora, señorita. A la falta de dinero (y además a mí nadie me regala libros, ni me envían las editoriales, sépalo usted que quizás puede hablar con alguien que hable con otro que busque un par de saldos o algunos con las tapas rotas, no me importa) se suma también la... la... casi no me animo a decirlo. ¡Sí! ¡Perdón, perdón! Miro televisión. He visto y seguido con fidelidad este año "Lost", "Amas de casa desesperadas", "Everybody loves Raimond"; "ER"; y ahora miro "Medium"; la de la mujer presidente, ¡y hasta algunos realitys". ¡Perdón! A la sagrada hora de la lectura, la tele está allí y no me pide nada. Ni concentración, ni silencio a mi alrededor, ni tiempo siquiera. Quiero leer más. Me lo propongo. Será otro proyecto para el 2006. Lo prometo. Igual sé que no podré cumplir.

HAPPY NEW YEAR

Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

JULIO CORTÁZAR
31/12/51

19 diciembre 2005

FELICES DESEOS

Hasta los más incrédulos de incredulidad total pedimos deseos cuando las circunstancias lo exigen. Con las velas de la torta de cumpleaños. Con el huesito de pollo. Con la pestaña. Al cambiar el año. No sea cosa de que haya que expresar de alguna manera conciente los deseos para que se cumplan, y que nosotros -los incrédulos- nos perdamos algo. Lo de fin de año es una mezcla de deseos y de proyectos que sabemos que nunca pero jamás de los jamases cumpliremos. Que nunca adelgazaremos los 5 kilos, ni empezaremos gimnasia, ni nos convertiremos en padres más pacientes, ni publicaremos ese libro. Lo sabemos. Pero la tradición, la costumbre, la incertidumbre, nos lleva a repetir los pasos cada 31 de diciembre, como si se tratara de una cábala para que el año nuevo sea mejor. En lo personal, lo que más me gusta del año nuevo es la agenda nueva. Acostumbro comprar una agenda ya en octubre o noviembre, y de a poco voy pasando los teléfonos, los cumpleaños, las fechas importantes, y hojeo todo ese montón de días en blanco fantaseando cómo se llenarán, qué cosa diferente anotaré, qué sucederá que todavía no lo sé.
En cuanto a los proyectos y los deseos para el 2006, los comparto con ustedes como una forma de desearles feliz año nuevo y feliz fiesta que les toque por religión, raza, credo, posición política, herencia genética o calendario carcelario.
Mis proyectos y deseos para el 2006:
Que un admirador de este blog me regale una notebook Sony Vaio. Que sea anónimo, así no tengo que agradecerle.
Que luego de cambiar la lamparita del balcón (que admito me da un poco de miedo porque se quedó pegada la rosca) me dé un choque eléctrico que me brinde superpoderes, sobre todo volar.
Que como superheroína pueda hacer cosas asombrosas, además de huir permanentemente de los yanquees que querrán atraparme para estudiarme y luego usarme en la guerra de Iraq.
Que al mezclar restos alimentarios de un par de días de antigüedad, de manera original, descubra la forma de paliar el hambre en el mundo.
Que todos mis ex-novios y los hombres que me abandonaron sufran alopecía con prurito y que, en oposición, mi marido vuelva a tener, por lo menos, la cantidad de pelo que tenía cuando nos conocimos.
Que mi médico me diga que apareció un remedio para tener el vientre duro y plano, sin necesidad de hacer abdominales ni abandonar las gaseosas.
Que escriba un libro, y que sea publicado el mismo año por una editorial de verdad que no quiera cobrarme.
Que la crítica diga que escribo mejor que Borges y vendo mejor que el Código Da Vinci.
Que alguien de Hollywood lea un cuento mío, lo quiera filmar, y gane el Oscar al mejor guión, aunque yo lo escriba en castellano y lo tengan que traducir.
Que me elijan de unos de esos programas en que te transforman, me den cinco mil dólares para cambiar todo mi vestuario, pero no me filmen después porque hubo un problema de producción, y yo igual me quedo con la plata.
Que la directora de la escuela de mis hijos no me intimide y no me sienta otra vez de ocho años cada vez que hablo con ella.
Que otro admirador anónimo me regale la TV con closed caption.
Que mis hijos adquieran la suficiente autonomía como para bañarse solos.
Que una cazadora de talentos descubra la belleza de mis hijos, los contraten para publicidad, y yo luego pueda decirles que les guardaré ese dinero para cuando crezcan, o no, que como cuesta caros mantenerlos, voy a usar la plata según mi criterio.
Que se descubra, aquí todos de pie y con sentimiento, un remedio para la celulitis.
Que pueda leer menos blogs y trabajar más.
Que me llamen para un trabajo excepcional y bien pago. (Nunca que tenga que salir a buscarlo).
Que terminen las obras del subte en Flores y que luego pongan a funcionar un subte de verdad, y no que los túneles quedan abandonados y se inunden, y dentro de 10 años encuentre allí a mis hijos practicando algún ritual satánico y fumando marihuana.
Que alguno de mis libros se traduzca a otro idioma y yo tenga que ir a presentarlo a ese país, con todo pago, por supuesto.
Que se invente un elixir del olvido para que yo pueda olvidar la confesión de mi mamá, de que le daba propinas al calesitero, y vuelva a creer que sí, que era una genio, que siempre y por la manera en que ponía la mano, por la rapidez de mi vista, por la gracia del movimiento que hacía con mi cuerpo, por la inteligencia que me decía cuándo era el momento justo... yo siempre me sacaba la sortija.

¡FELIZ AÑO NUEVO!