30 noviembre 2005

NOS ESTÁN CAMBIANDO EL ARGUMENTO

Pongamos que usted está leyendo una novela en La Giralda. Allá usted. Yo prefiero leer en la cama, pero si a usted le interesa darse aires de intelectual leyendo en un bar, con el ruido pleno de Corrientes como acompañamiento de fondo, y encima rodeado de un chocolate con churros, qué le puedo decir. Como mucho que se ve que lo de la dieta sana a usted no le va, porque si cada vez que lee se baja un chocolate con churros, bueno viejo... después no se queje cuando le salte el colesterol y el médico lo acuse de sedentarismo con novela y bar. También podríamos hablar sobre su elección de leer novela, y por qué no un libro de cuentos, más teniendo en cuenta que yo escribo cuentos, pero ya sabemos que aquí me iría por las ramas. Bien, le decía, usted está leyendo una novela, y de pronto se le acerca un tipo a la mesa. Pongamos de unos 33 años, un tipo de aspecto hebreo, barba candado, algunas canas, y una túnica blanca que usted piensa que compró en Palermo Soho. El tipo se le acerca, está agitado, y sin pedirle permiso se sienta a su mesa y le dice que es el autor de la novela y que se equivocó, que ahora se da cuenta, que cuando estaba haciendo la última corrección algo le rumiaba en el inconciente, y ahora lo largó: necesita cambiar una parte del argumento. Bueno... si usted es tan quisquilloso, vamos a aceptar que ese cambio de argumento también modifica el final. Usted se queda medio tarado, no sabe qué decir, mira alrededor a ver si se trata de alguna jodita para un programa de televisión. Pero no, el tipo hasta le muestra el documento para que vea que de verdad es el autor del libro, y le ruega que se lo tiene que llevar. Está levantando todos los ejemplares para poder corregirlos. Es así. Casi un asunto de vida o muerte. Usted se queja con una vocecita insegura que al otro no lo convence. Le dice que lo acaba de comprar, que le costó carísimo... al precio que están los libros... y que venía bien, por lo cual no puede ahora llevárselo y cambiárselo. El tipo está apurado y comienza a ponerse nervioso. Le tira unos mangos sobre la mesa, manotea el libro y se va. Porque claro, lo del Limbo ya no le funciona. A la gente le cae mal que se metan con los bebés. Nunca hay que meterse con los bebés, a menos que la historia termine bien, y esta no cumplía los requisitos. Porque no sólo estamos hablando de que los bebés morían de bebés, sino que a falta de bautismo, que los hubiera purificado del pecado original (pecado que ese bebé, como mucho, recién podría llevar a cabo dentro de unos 15 años, aunque yo preferiría que esperaran un poco más, y sólo por amor), sino que para colmo de males esos pequeños corderos perdidos del Señor se iban al Limbo. No al cielo ni al infierno. Difícil que un recién nacido vaya al infierno, a menos que haya podido girar su cabeza 360º y vomitado verde (y admitamos que la mayoría en algún momento vomita verde). Pero que no vayan al cielo... a encontrarse con la bisabuelita y el bisabuelito, y la tía abuela que nadie soportaba pero dejó una linda herencia, y con la esperanza de volver e encontrarse alguna vez con sus papás... el argumento estaba mal por donde lo miraras. Pero tampoco era para cambiarlo. No podés venir a decir durante dos mil años (sí, ya sé, es menos, porque hay que contar desde que la Iglesia lo dijo, pero no estoy acá para hacer cuentas) que lo del Limbo es así, y millones y millones y millones de seres humanos se lo creyeron, y ahora decir que no, era un poco cruel, nos habíamos equivocado con la interpretación, porque... ¿qué mal nos puede hacer un bebé? Como mucho va a babear el arpa, pero aunque sea ocupa poco lugar. Lo que pasa es que ahora todo se hace al estilo Hollywood. Le mostrás la película a un grupo heterogéneo de seres humanos, y ellos dicen si les gusta o no les gusta, y según eso hacés el corte final. Ya sabemos que en "Atracción fatal" la mina no se moría, pero a la gente no le gustó, quería venganza, y entonces la mataron un par de veces en la bañadera. Lo mismo acá. Ahora la gente dice que lo del Limbo no va... no les convence... y que qué suerte que lo podemos cambiar ahora que existen estas tecnologías, ¿no? Y así terminan trastornándonos todos el argumento. ¡Y eso no vale! Lo digo yo. Si ya lo escribiste, ganaste el Planeta, lo publicaste y la mar en coche, tenés que tener los huevos o los ovarios suficientes para mantener tu palabra. No sea cosa que ahora nos vengan con que los primogénitos egipcios tampoco murieron, sino que apenas fueron picados por algunas langostas; o que a Jesús lo clavaron con clavos de acero quirúrgico, que no producen alergia; o que Adán y Eva no fueron expulsados del paraíso, sino sólo enviados a la dirección; o que lo del pacto entre hebreos o Dios era una broma, no era para que se lo cortaran en serio; o que lo de la Inquisición y las hogueras sólo fue un acto de desinfección contra la peste bubónica; o que Judas no traicionó a nadie, se equivocó y fue a terapia. No... no vengan ahora a cambiarnos el argumento porque es duro, porque la cosa se pasó de macabra o porque ya nadie se lo cree. Porque con ese criterio lo de la Iglesia también fue un error de interpretación, y lo que había que hacer era repartir la fortuna y ser pobres en serio. Esa sí que no se animan a cambiarla, muchachos, ¿no?
Así que yo les aviso: yo no les doy el libro aunque vengan a buscarlo. Háganse cargo. No puede ser que porque están perdiendo votos, decidan modificar los principios del partido. No funciona así. Y además, esta no la escribieron ustedes, así que antes de tocar una palabra averigüen sobre los derechos de autor, no sea cosa que vengan los herederos a reclamar y se arme la podrida. Ah, y ya que estamos, a mí lo del Mar Rojo nunca me cerró. Muy de comic el asunto, así que podemos decir que hubo un terremoto en el lecho marítimo, a... pónganle ustedes la cantidad de kilómetros que quieran, y un tsunami tapó a los malos. Si van a cambiar el argumento, si no queda otra... al menos háganlo bien... hay tantas cosas que se escribieron a las apuradas, me parece...
Y de última, a mí qué me importa. Mis hijos no están bautizados, no están circuncidados, no están legalmente reconocidos por ninguna religión y recién ahora comienzan a estar un poco psicoanalizados. Así que a los míos seguro seguro que les toca el único lugar sagrado de los ateos: el shopping. Y ahí sí... ahí es pura joda.

28 noviembre 2005

I´m THEIA

Para empezar la semana jugando, ¡tu nombre fuera de Matrix! Así es, este programita les dirá cuál es su nombre y a qué se dedican a partir del momento en que se animan a desconectarse de Matrix, y les quedan todos esos agujeritos en la espalda, que bien deben servir a la hora de sacarse sangre, y se ponen a salvar el mundo, aunque ya no hay mucho mundo, y la gente dentro de Matrix vive exactamente igual a como viviría afuera, así que no sé muy bien para qué vale la pena, si encima te hacen un corte de pelo horrible y fuera de Matrix no hay peluquerías. Pensándolo bien, hay gente que dice que existe un ser sobrenatural, conocido como Dios que mueve los hilos por aquí, con lo cual Matrix es lo mismo, con la única diferencia de que al diablo lo llaman virus.
Ahora bien... el juego me provocó cierto estremecimiento. Resulta que mi media naranja (legal), recibe el nombre de Osiris en su versión masculina, y el de Thalía en la versión que me convertiría en amante lesbiana.
Mi libro "Nunca confíes en una computadora" nació a partir del cuento "Jamás podré alcanzarte". Este cuento se basa en una anécdota relacionada, justamente, con mi medio kiwi (que entonces era mi flamante novio virtual). Estábamos ambos conectados al BBS que frecuentábamos, y de pronto a él se le cortó la comunicación. Cuando esto sucedía, aparecía un mensaje que decía: "Fulanito desapareció del sistema", o algo así. Mientras esperaba que volviera a conectarse, empecé a bromear con otros chicos. Decíamos que Fulanito acababa de morir, fulminado por su computadora, y que sólo podría volver a comunicarme con él on-line, ya que su alma debería haber quedado atrapada en el sistema. Bien... ¿cómo se llama este personaje en el cuento..? ¡Osiris! ¿Y cuál era mi id en ese BBS? ¡Talía! (como la musa de la comedia en la mitología griega).
No sé... como que me da cosa...

24 noviembre 2005

PEQUEÑO MANUAL LITERARIO PARA HOMBRES ABANDÓNICOS

Muchas veces un párrafo de un libro, un personaje, un verso, una metáfora corre la buena -o mala- suerte de ser adoptado por la sociedad, y convertirse en un lugar común, en una frase hecha. Hay discursos que, sin saber si han sido paridos por algún escritor, todos usamos. Hay argumentos, modos de decir, hasta palabras que se han convertido en clásicos.
El famoso "Un padre que da consejos..."; la poética Maga; el trillado "Tus hijos no son tus hijos..."; el bíblico "Hay un tiempo para todo..."

Pero "No sos vos, soy yo", sea quizás el ejemplo más significativo de esto que digo.
Que levante la mano quien no ha sido abandonada/o con esas palabras. (Yo estoy mirando para otro lado).
"No sos vos, soy yo. Me está pasando algo que no entiendo y necesito tiempo para mí. No quiero lastimarte. A veces pienso todavía en Fulana, y vos no te merecés eso. Sos demasiado importante para mí, y sé que algún día estaremos juntos. Lo paso genial con vos, pero sin embargo siento que debo poner distancia y, aunque te juro que no es lo que quiero, porque de verdad quiero estar con vos, no puedo mentirme a mí mismo. Vos sos lo mejor que me pasó en la vida, no sé qué haría sin vos, y sos justamente vos la que me ayudó a encontrarme a mí mismo, por eso sé que me vas a entender. Esto es lo más difícil que hice en mi vida, no se compara a nada, estoy destruido por dentro, y por eso tengo que dejarte ir, quiero que seas feliz y en este momento yo no tengo mucho para darte. Porque no sos vos, ¿eh? Soy yo..."
¡Un best-seller! Qué digo... ¡un long-seller! El argumento más vendido y trillado de la historia, un argumento que todos conocemos y que sabemos cómo termina. ¿Quién habrá sido el ingenioso abandónico que lo escribió o lo dijo por primera vez y que creyó que, quedándose con la culpa, estaría libre de pecado? ¿Lo habrán linchado, por lo menos?
Ahora bien, vamos a un rápido análisis literario. Al argumento le falta suspenso.
Cuando el hombre comienza con el "no sos vos, soy yo", la mujer ya sabe cómo termina la historia, y se pone en guardia. Y eso no era lo que querían, muchachos. Lo que deseaban era dejarla callada, confundida, sin ánimos siquiera de hacer una pequeña escena. Como cuando se lee un buen libro y el asesino no resultó ser el mayordomo. Pero no va a suceder. Cuando ustedes dicen "no sos vos, soy yo", ella va a retrucar: "sí, sos vos un reverendo hijo de puta, y te juro que yo sí quiero lastimarte en este momento, y que te duela mucho, a vos y a la Fulanita con quien vas a volver. Y es verdad, yo soy lo mejor que te pasó, pero no tenés la inteligencia suficiente para darte cuenta, y ojalá te encuentres a vos mismo leyendo a Bucay o a Coelho, que es lo máximo que entendés, y con suerte algún día vas a descubrir que no sos vos, es verdad... ¡soy yo la que te deja!"
Por lo tanto, lo que comenzó con un tono casi poético, tranquilo, algo excesivo en la repetición y el melodrama, exagerando además el voseo para que la fuerza del texto caiga sobre la otra persona, se mezcla de pronto con un tono chabacano, por qué no, de la calle, algo coloquial pero tipo cancha. A la falta de suspenso, entonces, se le agrega un golpe que los lectores de este drama no esperaban. Los insultos nos llevan a dudar de la calidad de la trama, y por momento hasta de cuál de los personajes merece nuestra misericordia.

Por eso, queridos hombres abandónicos, es necesario buscar nuevos recursos estilísticos. Ustedes quieren huír, eso lo sabemos. Se quieren ir y no desean volver a verla nunca más. Pero lo quieren hacer con elegancia, con cierta simpatía, quieren dejar en ella su marca, un recuerdo que no se borre jamás. Quieren, con una perversión que no son capaces de reconocer, que ellas crean que van a volver. Y todo eso para no lastimar su hombría, para retroceder como duques, para que sea ella la que los consuele y les diga que ojalá sí, ojalá algún día se encuentren a sí mismos, que ella entiende. Cualquier cosa con tal de que ella no llore, no grite, no suplique, no histeriquee, no pida, no ruegue. Y ello merece de un manejo de la excelencia literaria que no sabemos si tienen, pero que siempre se puede pedir prestado. Hay que ser sutil, directo, frases cortas, ideas claras, la trama sencilla y cierto misterio.
Se me ocurre (las ideas literarias son personales, por supuesto), utilizar aquí un estilo que yo llamaría "sincericidio", y que le dará a la trama un giro, un desenlace que nadie esperaba. Originalidad. Sorpresa. Eso es lo que deseamos de esta historia.
La sinceridad es lo único capaz de dejarnos calladas, atolondradas, confundidas, perdidas. Es lo único contra lo que no podemos luchar, porque, como dice la frase, "duele, pero no tiene remedio". Así que, ¿por qué no experimentar, por ejemplo, con?: "mirá, yo quería probar salir con vos, me pareciste linda, inteligente, con sentido del humor, y admitamos que tuvimos algunos buenos momentos en la cama. Pero la verdad es que resultaste insoportable. Enseguida deseaste cambiarme, hacer de mí un muñequito para mostrar a tus amigas, tu Ken privado. En la cama no te animás a nada nuevo, tardás horas en estar lista, te olés a cada rato las axilas, y te creés que no me doy cuenta, y lanzás unos grititos agudos que te juro que te rompen el tímpano. En cuanto a la inteligencia... hablar de ofertas no era lo que había planeado. Una vez está bien... pero conocer las diferencias entre Caro-Cuore y Victoria´s Secret me quitaron toda la libido. Hasta la mina con la que salía antes resultó mejor que vos, porque era caliente pero callada. Por eso es que no quiero volver a verte, y espero que no nos encontremos ni de casualidad, porque la verdad es que después de vos me va a costar volver a mirar a una mujer, y te digo más: en mí no hay nada malo, no soy yo, ¡sos vos!"
¿Qué tal? Hemos logrado llevar la historia hacia lugares insospechados. ¿Y qué podemos decir después de tal sincericidio? Como mucho tirarles en la cara lo que quede de la Coca light, y salir corriendo a comprarnos algo que nos suba un poco el ánimo. Luego gritaremos a los cuatro vientos que el tipo era un psicótico peligroso, un paranoico en plena crisis, y qué suerte que nos dimos cuenta a tiempo y terminamos la relación antes de que las cosas llegaran a más. Y con eso daremos por terminado el duelo y la historia. (Además acá aparece un juego de quién dejó a quién). Pero con el "no sos vos, soy yo..." les aseguro, seguiremos llamando. Y ahí es cuando la trama se pone aburrida, previsible y dejamos de leer.

Este ha sido mi primer aporte, pequeño pero sentido, al Manual Literario de Uso y Abuso Cotidiano.
Hasta la próxima.

22 noviembre 2005

LA FELICIDAD DEL BLOG

La felicidad está sobrevaluada. Parece que hay que perseguirla a cualquier costo, y ahora también es una obligación ser feliz con el blog. Weblogs sobre weblogs, de Clarín, ofrece una lista de qué hacer y qué no hacer para estar contento con el blog. Va aquí mi análisis:
1- No empieces si tu único objetivo es poner publicidad.
Esto es relativo. Si alguien es feliz con la publicidad, ¿por qué no comenzar? Y en caso de que ese alguien no pueda pagar su publicidad, ¿no le dará mucha felicidad hacer pubicidad gratuita en un blog? Yo admito que estaba pensando en vender varias cosas a través del blog, pero ahora no me animo... como que parece que queda mal... aunque un día de estos se viene mi aviso: "busco trabajo rentable". Bueno, lo pongo ahora y que parezca que tiene algo que ver con lo de no poner publicidad: "Busco trabajo rentable".
2- Tú pones las normas.
Eso me gusta. Yo tengo el poder del voseo, en primer lugar. Acá escribo lo que se me canta y no viene el jefe a decirme que prefería otro tono, otro estilo, otro tema, otro título, otro periodista.
3- Olvídate de las estadísticas.
Teniendo en cuenta que los números se hacen para recordar y saber, es difícil olvidarse. Y a mí me gustan las estadísticas. También me gustan los cuestionarios y las listas, no sé si viene al caso. Por ejemplo, me encanta llenar los formularios de inmigración cuando viajo en avión. Digan que la última vez que salí del país sera menor de edad, así que no sé si mantengo el gusto, pero también me gusta llenar las planillas de inscripción de la escuela de mis chicos, así que sí, debo tener alguna perversión relacionada con los formularios. También me gustaría poner acá un relojito, como vi en otros blogs, un contador de visitantes, un contador de críticas buenas, otro de hombres mayores de 35, solteros o divorciados sin hijos, otro contador de grasas saturadas consumidas por día, pero la verdad es que no sé, así que no me meto con las estadísticas porque me da miedo el template.
4- Cuida la apariencia de tu sitio.
Otra vez con lo de meterse con el template. Yo lo cuido. Está limpio. Las migajas caen en el teclado, no en el blog, así que con eso no hay problema. He visitado blogs que tienen bichitos caminando por la pantalla, y la primera vez te parece simpático, pero a la segunda te dan ganas de agarrar el Hogar y Plantas, así que no sé... me parece que es mejor poner énfasis en lo que se dice que en la portada... total la única tapa de un libro mío que realmente me gusta, es la del que menos se vendió... así que todo es relativo.
5-Intenta mantener un ritmo.
Lo intento, lo intento. Día por medio, o cada dos días, o cada tres si tengo otras cosas que hacer o no tengo otras cosas que hacer pero estoy leyendo otros blogs. Me gusta mantener el ritmo, no como con los abdominales que un día hago 10 y cuarenta días no hago ninguno, y cuando leí que había que hacer 300 por día para que dieran resultado, directamente abandoné.
6- Escribe acerca de lo que a tí te gusta.
Ese camino lo estoy transitando. Aunque uno piensa en el lector. Es mentira eso de que el escritor escribe para sí mismo y nada más. Ni siquiera un diario uno escribe para sí mismo, porque siempre sabés que tu hermanita menor lo va a leer (yo he sido hermanita menor, sé de qué hablo). Claro que una cosa es escribir sobre lo que a uno le interesa, como aquí la literatura, y otra cosa es escribir de lo que a uno le gustaría hablar, por ejemplo de lo mal que se visten, en general, las escritoras que escriben para chicos. Yo no sé por qué se visten tan mal. Como si literatura y moda no pudieran congeniar. Pero yo no quiero pelearme con nadie, así que de eso no puedo escribir, aunque me guste.
7- En tu blog mandas tú.
¿Alguien no lo tenía claro?
8- Los rankings y concursos son para blogstars.
¿Qué hay que tener para convertirse en blogstar? ¿Voy por buen camino o sigo la senda del blogsmediocrum? ¿Y por qué dejar los concursos, si se puede ganar, eh? ¿O acaso a "Más respeto que soy tu madre" no le gustó ganar? Vaya mi felicitación desde acá.
9- Los blogs colectivos son más divertidos.
Sí, es verdad, yo tengo Hijos y otros animales salvajes que pasa por Flores y recoge a varias más, pero aquí prefiero viajar en taxi.
10- Si algo no va bien, vuelve a intentarlo o déjalo.
Eso es fácil de decir. Mirá si yo voy a dejar a mi hijo en la puerta de una sinagoga porque me parece que no lo estoy criando bien. Como si no existiera la responsabilidad... ¿O acaso me voy a separar de mi esposo, que encima es el que trabaja, porque la cosa no va bien? No... esa onda fácil no va conmigo. Si algo no va bien, peleamos, lo mejoramos, aprendemos, nos superamos, lo vendemos. Pero abandonar... Claro... porque total los blogs te los regalan, y entonces empezamos acá con esa onda "pruebo y me voy", y la cosa sigue en la vida real, y después ya no hay marcha atrás. Después terminás pegándote un tiro porque te pusiste mal el rimmel, y no valía la pena quitarte el maquillaje y probar de nuevo, o aunque sea comprar un rimmel bueno, uno de marca, porque viste que los baratos te hacen mierda los ojos y te la pasás llorando todo el santo día. Claro... con ese criterio tiremos el mundo a otra galaxia que sí que nos salió mal, y después entramos a Internet y empezamos uno nuevo, y le ponemos http://planetanew.blogspot.com, o cualquiera de esos nombres de la era de acuario que se les ocurren a los departamentos de márketing de las editoriales, y empezamos de nuevo, pero como somos los mismos hacemos las mismas pavadas y lo borramos, y probamos entonces con http://solocaucasicos.blogpost.com, y enseguida sale otro que se llama http://orientalesdeavellaneda.blogspot.com, y otro http://musulmanesporunmundodemusulmanes.blogpsot.com, y todo parece nuevo pero no... es lo mismo de siempre, es lo mismo...

18 noviembre 2005

¡¡¡JURO QUE TRABAJO!!! (un poco)

Los occidentales nos definimos por lo que hacemos, no por quiénes somos. No hay que caer en la new-age ni convertirse en budista para saberlo. En cuanto conozco a alguien (hombre o mujer), y sobre todo si la persona me parece interesante, la información que solicito es: su nombre, su edad, a qué se dedica. Una persona sosa que de pronto sale con que es neurocirujano, adquiere para mí una importancia diferente. Una persona simpatiquísima que se dedica a la venta callejera de accesorios para celulares, me decepciona un poco. Me pregunto de qué podremos conversar, qué tendremos en común. Para qué negarlo. He aprendido a convivir con mis prejuicios y mis enanos fascistas. Porque es justamente cuando uno reconoce sus pequeñas o grandes bajezas, que la vida transcurre mucho más pacífica (aunque sea para uno mismo).
Pues bien, todo esta introducción es para decir que: YO TRABAJO.
Que no gane dinero es otro tema. Que gane dinero (que de hecho algo gano) pero que por el monto se pueda decir que mi sueldo es "simbólico", también es otro tema. Porque la verdad es que YO TRABAJO.
Con mis propios horarios, es verdad. No siempre, es cierto. Cuando tengo algo que decir, para qué mentir. Pero considero que todo lo que rodea al acto de escribir: leer, estudiar, investigar, leer blogs, pensar, mirar películas, todo lo que mueve mi creatividad, viajar, interactuar con otras personas, ir a espectáculos, muestras, etc, es parte de mi trabajo. También trabajo cuando escribo y tiro y tiro y escribo. Aunque al final del día no haya un producto terminado, léase cuento, he trabajado.
Por eso, desde aquí, admito que estoy podrida, harta, hastiada, agotada y deprimida de que me preguntan: Y USTED, ¿POR QUÉ NO TRABAJA? O cualquiera de sus variantes: ¿NO VA A BUSCAR TRABAJO?, ¿NO QUIERE TRABAJAR?, ¿CUÁNDO VA A TRABAJAR? ¿NO CONSIGUE TRABAJO? ¿DE QUÉ PODRÍA TRABAJAR? Y que me lo pregunte toda la gente que sabe que escribo, y que he tenido la suerte de publicar, pero que cree que por el hecho de pasar la mayor parte del día en mi propia casa, frente a la computadora, o corrigiendo mis escritos, no trabajo. Porque trabajar, para ellos, es ser infeliz. Es estar en una oficina de 9 a 18 horas. Es tener un jefe. Es hacer algo que no nos gusta ni nos interesa, pero que nos brinda a fin de mes un cheque con un monto aceptable. Se trabaja, en esta civilización judeo-cristiana occidental, sólo por el resultado. Trabajar para ser feliz está mal visto.
Pero yo trabajo (¿cómo se lo explico a la señora que trabaja en mi casa y que me pregunta por qué no trabajo, a pesar de que le regalé todos mis libros a sus hijos?). Trabajo de escribir, porque si no lo hiciera no podría vivir. Trabajo de escribir porque algo inscripto en mis genes me diseñó para esto. Trabajo de escribir porque cuando escribo algo sucede en el equilibrio cósmico que hace que el mundo siga girando, y cuando un chico lee uno de mis cuentos y sonríe, y piensa, y se estremece, y se emociona, sé que le he aportado un poco de mi alma, y ese es el mejor sueldo que uno puede ganar.
En conclusión: trabajo. No sé si de escritora. Decir "escritor" me parece algo muy grande. Trabajo, entonces, de inventar historias. Como un moderno juglar. Trabajo de ponerle palabras a la fantasía. Trabajo de crear mundos posibles o imposibles.

Lástima que quizás dentro de poco tenga que salir a buscar trabajo "de verdad", porque esto de llegar a fin de mes, parece, también es importante.







14 noviembre 2005

OBSESIONES

Se supone que todos los escritores tienen una obsesión, y que toda su obra no es más que un ir y venir y dar vueltas sobre eso que los obsesiona. A veces son pasiones. O un recuerdo. O un personaje. Hay escritores que pasan una vida investigando un solo tema. Hay quienes enloquecen por un momento histórico en particular. Por un personaje. Sin ir más lejos, el otro día un escritor amigo me comentó que le apasionaba el personaje del Zorro, y por eso estaba leyendo la novela de Isabel Allende, aunque ella, como escritora, no le interesara.
Esto de las obsesiones me parece serio y profundo. Intelectual. Que alguien se la pase toda la vida investigando sobre la forma en que los florentinos del siglo XIII hacían el amor, y que con eso pueda escribir una novela de época; otra pensando en cómo ese florentino viviría en la época actual; otra de ciencia-ficción, en que el florentino viaja por el tiempo, se contagia de SIDA, regresa enfermo y cambia la historia de la humanidad; y otra más sobre un vendedor de colchones asesino serial, me parece realmente maravilloso. Lo aplaudo de pie. Eso es un escritor. Un escritor debe tener una obsesión que lo acompañe toda la vida, incluso desde la más tierna edad, y puede y debe fundar una obra sólo alrededor de su obsesión.
Pues bien, yo no la tengo.
Lo he intentado. Lo quiero. Lo deseo. Pero no logro obsesionarme. Sé que sin una obsesión nunca seré una escritora de primera A. Pero no puedo. Debe tener alguna dificultad para concentrarme en un solo tema a lo largo de mi vida, y que encima me apasione. Debo tener una personalidad cambiante, o quizás no tengo nada de personalidad. Pero obsesión, lo que se dice obsesión, ninguna.
Entonces la busco. Si no puedo tenerla en forma natural, quizás lo logre por trabajo y esfuerzo. Obsesionarse no parece difícil. Me obsesiono fácilmente con los precios del supermercado. Estoy al tanto de todo lo que aumenta y eso me obsesiona. Podría ser un comienzo si me interesara la economía, pero lo único que de verdad me interesa es llegar a fin de mes.
Intenté con el tema de la discapacidad. ¿Quién mejor que yo para obsesionarse? Los libros sobre personas con discapacidad venden bien, se hacen películas y los actores siempre ganan el Oscar. ¿Por qué no sumarme a "Mie pie izquierdo", "Te amaré en silencio", "Rain Man"? Pero el tema me da fiaca. Mucho sufrimiento y autosuperación. Se puede llegar fácilmente a la autoayuda si no se escribe con cuidado. También, se me ocurre, podría obsesionarme con los acúfenos. Tiene cierto misterio el tema, cierta cosa prohibida. Me han dicho distinguidos profesionales que los acúfenos pueden causar locura. Que un tipo asesinó a toda su familia porque los acúfenos lo volvieron loco. Yo no sé si estoy loca, no soy quien para afirmarlo, pero que te enloquecen es verdad... Pero de ahí a matar a mi familia... mmm... me da cosa... tendría que estudiar la jurisprudencia, a ver si los acúfenos sirven como atenuante. O podría hacer un libro sobre tipos con diferentes acúfenos. Porque los hay tipo campanita, tipo mosca, tipo interferencia radial, tipo teléfono ocupado. De esto sé un montón. Pero no me obsesiona... la verdad que no, como mucho me jode un poco... ¿Y mi judaísmo? Judía no practicante, atea, casada con un católico, gusta de las tradiciones pero critica, ¿a quién puede obsesionarle eso? Tampoco me obsesionan los asesinos, ni los dictadores, ni la vejez (un poco la celulitis y la panza post-parto), ni la infancia perdida, ni el sueño americano, ni un hombre que amé, ni un hombre que no me amó, ni un sueño perdido.
Ejercicio de concentración: cierro los ojos y pienso en qué me está obsesionando en este mismo momento. En qué está ocupada mi cabeza.
En que aumentó la escuela de los chicos, y no tengo fruta para la cena.
No hay caso. Así, sin obsesión, nunca voy a llegar a nada, la puta que lo parió.

09 noviembre 2005

SE VENDE ESTE BLOG

Admito que tengo cierta obsesión con el dinero. Soy de las que cuentan y recuentan, consultan saldos a diario, anotan gastos, planifican e intentan ahorrar, aunque resulte imposible. Me obsesiona el dinero justamente porque no lo tengo, y porque me gustaría hacer muchas cosas más en mi vida que, sin dinero, simplemente no se hacen.
Por eso, y teniendo en cuenta que hay gente por ahí que pierde un tiempo valioso (en el que seguro podrían estar facturando) cotizando los blogs ajenos, no sé bajo qué concepto (lo explican por allí, pero son tablas aburridas y en inglés), pongo en venta el blog.
Hace una semana cotizaba a unos 8.000 dólares, hoy está a 12.000 y sigue subiendo. La cosa es transparente. Pensé que podría esperar un poco hasta que el precio suba, pero entonces descubrí cuál es mi función en esta vida: hago un blog, espero que se lea, aparezcan spam y comentarios y, cuando ya tiene un lindo precio, lo vendo e inicio otro. ¡¡¡Es el sueño de mi vida!!! ¡El trabajo que quise siempre!
Así que ya saben, pongo en venta este blog (ya estoy pensando el próximo). Sólo efectivo. Y si quieren, se dan una vueltita por ese lugar y cotizan los suyos. El juego es divertido. ¿O acaso no nos gusta saber cuánto valemos? (Esta última frase me hizo acordar a la esclavitud, pero no, mejor lo dejamos pasar, después de todo no era el esclavo el que se quedaba con el dinero, así que no, no tiene que ver).

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07 noviembre 2005

REALIDAD VS. IMAGINACIÓN

Colecciono recuerdos como otros figuritas. Son mi esencia, mi material. Me maravillo de mi memoria. Lo recuerda todo, con lujo de detalles. Recuerdo qué sucedió, cuándo, cómo estaban vestidos los protagonistas, dónde estaban parados, cuál era su lenguaje corporal, qué dijeron y en qué tono. Si había sol o estaba nublado. Lo único que se me escapan son los nombres, muchas veces, pero jamás un rostro.
Sin embargo tengo tres recuerdos precisos que no sé si los inventé o si sucedieron de verdad. Un cuento, una película, un momento. No tengo testigos. Pienso que sólo existen en mi memoria, y que por eso debo haberlos inventado, pero sin embargo tienen detalles que los hace ajenos a mi mente. Quizás a alguno de ustedes le haya pasado. Quizás alguno sabe de qué hablo y vio esa película o leyó ese cuento.

La película se llamaba "Loly Pop", como un helado y como también se llamaron dos cotorritas mías. Trataba sobre un chico blanco y uno negro que se hacían amigos. Por alguna razón escapan (¿de un orfanato?) y comienza a nevar y ellos no tienen abrigo. En un momento alguno o los dos están dentro de un barril que cae rodando. Al final el chico negro abriga al blanco (¿con su cuerpo, con su ropa?) y muere.

Me recuerdo leyendo el cuento, y estoy casi segura de que esas hojas me pertenecían. Creí que había salido en la revista "Puro Cuento" (tengo la colección completa), pero allí no lo encontré.
Trata de un hombre que compra un libro cuyos caracteres son indescifrables. Sin embargo, cuando comienza a leerlo, cuando se concentra en las hojas, las palabras adquieren sentido. Pero si se distrae, si se levanta, si suena un timbre, si estornuda, las letras se mezclan otra vez y tiene que comenzar desde el principio. Se da cuenta de que leerlo le costará la vida (¿era así?), porque el libro le obliga a no hacer otra cosa que leer.

Estoy en Disneyworld con mis viejos. Tengo 23 años. En la fila para entrar a ver "Los pájaros" en 3D, hay un nazi de civil. De la Gestapo. No una persona que se puede pensar que es nazi por algún tatuaje o por estar rapado. Un nazi real. Lleva un sobretodo negro largo casi hasta los pies, sombrero de los años ´40. El rostro muy blanco y tétrico. Rubio. Muy alto. Está solo y nunca sonríe. Mira hacia adelante por encima de la gente. No hace gestos. No tiene la ansiedad típica de los visitantes del lugar. Cerca está el espectáculo de Indiana Jones, que tiene nazis, y pienso que el hombre tiene que haber salido de allí. Es más, creo que tiene alguna participación en este juego. Siempre hay alguien que se sienta entre el público y luego resulta que es uno de los actores. Lo que me asombra es que nadie lo esté mirando como lo miro yo. Que no llame la atención. ¡Es un nazi! Y temo que en cualquier momento descubra que soy judía y me lleve. Al entrar al cine lo pierdo de vista. Me pasan por encima los pájaros de Hitchcock. No hay participación de un nazi. Salimos. Lo encuentro. Él se aleja con paso decidido. ¿Es un nazi de Indiana Jones y quiso entretenerse un rato? ¿Es un fantasma del pasado que sólo yo veo? ¿Creyó que tal vez allí encontraría a Hitchcoock y podría llevarlo a Treblinka y anotarse un punto? ¿Es un solitario esquizofrénico que se viste de forma inusual? ¿Sacará un arma en algún momento y nos matará a todos?

¿Todo esto lo imaginé o realmente existió y sucedió? Y si fue verdad, ¿cuánto le agregué yo de imaginación, con el tiempo? ¿Cómo saberlo? A menos que encuentre el cuento, que vuelva a ver la película, que regrese en el tiempo y me tope con el nazi, ¿cómo saber si fue real? Y en caso de que no lo sea... ¿es normal que me imagine esas cosas y crea que sucedieron en la realidad?
Una vez le dije a mis padres (estábamos hablando de cómo todo el mundo se sorprende al enterarse de que soy hipoacúsica, porque "no lo parezco") y yo les dije que en realidad nunca había sido hipoacúsica. Soy la menor de tres hermanas, nadie me daba bola, me pasaban por encima... no tenía voz ni voto... Así que me hice pasar por hipoacúsica para llamar la atención. Pero lo hice tan bien que terminé creyéndomelo, y luego ya no pude abandonar ese papel. Mis viejos rieron. ¿¿¿Y si fuera verdad???

04 noviembre 2005

EL POST DE HOY

En el día de hoy mi yo, mi ello y mi super yo se enfrascaron en una inútil conversación que, a falta de otro tema para postear, transcribo acá. No puedo discernir quién dijo cada cosa. Hablan muy rápido y sus voces se mezclan y me llenan la cabeza de pelotudeces.

-¿Hoy qué vamos a escribir?
-Mirá que ya te pasaste con la literatura. Todo literatura y todo yo-yo-yo-yo. Te estás inflando.
-¿Me decís eso justo ahora, que acabo de bajar 5 kilos?
-Vos no bajaste de peso, te pinchaste y se te salió el gas. Eran cinco kilos de coca-cola.
-Estás envidiosa.
-¿Alguien me puede decir sobre qué vamos a escribir hoy?
-¡Forros! Sobre esas mamás que se asustaron porque a sus hijos les dieron forros en la escuela. Seguro que si les repartían un poco de TNT, en medio de una conversación sobre los logros yankes, no se asustaban tanto.
-¿Podés creer que todos los tipos que conocí usaban forros especiales? A ninguno le servían esos que te dan en los telos, los baratos. No, uno usaba forros humectantes para que no se le paspara, otro extra large para levantar el ego, otro sólo los lubricantes bactericidas, seguro nos consideraba unas roñosas, y otro sólo importados.
-¿De eso vamos a escribir, de forros?
-Yo lo que quería era cortar con tanta cosa literaria. Como que me perdí un poco... no era lo que había planeado.
-Vos vivís perdida.
-Mirá... sin ánimo de ofender, pero me parece que cuando escribimos sobre hipoacusia no nos escuchó nadie.
-Es que esas cosas sólo le importan a los que las viven...
-¿Viste que a la gente le molesta conversar con personas ciegas porque se les revolean los ojos?
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Yo decía nomás...
-Tampoco puedo seguir escribiendo sobre hijos porque para eso está el otro blog.
-Como siempre, llevamos a los chicos a una reunión para que los conozcan y vean qué lindo e inteligentes que son, y terminamos queriendo dejarlos en el sector infantil, con pelotero y alguien que los cuide. ¡Que no nos hinchen que queremos conversar un rato!
-Estaba pensando en abrir otro blog...
-¿Abrirlo? ¿Son como sucursales?
-Le quiero poner "Matrícula... " y sigue el número de nuestra matrícula, y allí podríamos postear notas de actualidad. Volver un poco al periodismo.
-Vos sos la única que quiere volver. Todas las demás queremos huír.
-Es que acá se está haciendo muy profunda la cosa... ¡mucha literatura!
-Si hoy en el shill, juego con los jueguitos del celular, ¿se escucha?
-¡Somos la tía del pibe! ¿Y vos te vas a poner a jugar con el celular?
-Son un embole los bar-mitzvá.
-Yo le voy a pedir a B que si algún día Alan se tiene que disfrazar, me preste el talit, la kipá y los tefilim, ¡y lo disfrazamos de judío!
-Mientras no haya otro disfrazado de nazi...
-¿Podemos volver al post del día?
-¿Tooodos los días hay que postear? ¿Ahora es obligatorio? No sea cosa que alguien entre y lea material viejo, ¡qué miedo!
-Bueno... pero entonces hasta el lunes no vamos a poder escribir nada. Mañana tenemos la lectura de Torá y el domigo la fiesta.
-¿Qué nos vamos a poner?
-El vestido de bobe.
-A mí me da miedo de que bobe encuentre un camino cósmico a través de nuestro vestido, y se meta en nuestro cuerpo para poder estar en el bar-mitzvá de su bisnieto.
-Vos hablás demasiadas boludeces.
-Literatura no, entonces.
-No.
-Chicos tampoco. Periodismo menos. Hipoacusia no. No nos queda nada por decir.
-La gente inteligente es la que se calla cuando no tiene nada que decir.
-Yo veo que vos seguís hablando...
-¿Saben qué me gustaría hacer? Un blog estilo telenovela, todo dialogado.
-Vos te querés subir al éxito de "Más respeto que soy tu madre".
-Justamente si no lo propongo en serio es por eso.
-El tipo va a publicar un libro, me parece.
-Se la pasan hablando de abrir otros blogs, pero en este no pasa nada.
-Es como que... no sé... ya van cuatro meses...
-¿Ya te aburriste? Porque vos dejás siempre todo lo que empezás.
-¡No! ¿Por qué siempre me tiran toda la culpa a mí? No me aburrí, lo que pasa es que... no sé...
-¿Qué te había dicho ese escritor super famoso con el que salimos varias veces?
-Que era una gata flora.
-Sos una gata flora.
-Una gata flora que escribe bien, dijo.
-Entonces... ¿hoy qué vamos a escribir?
-No sé... tenemos que hacernos las uñas y buscar a los chicos en lo de mamá. Ari ayer no se quiso bañar. Y seguro que habrá que planchar algo. Poné esto y listo.
-Yo el celular lo llevo igual, por las dudas. Pero le preguntamos a alguien si los juegos hacen ruidito.
-Me tenés los ovarios llenos, vos.
-Vos también.
-Che... los pibes que se llevaron los forros, alguno se lo debe haber probado, ¿no?

02 noviembre 2005

ELOGIO DEL LIBRERO

Cuando pedí "La rata cochero" fueron a buscarlo al sector de mascotas (luego de mirarme mal). Cuando quise hojear "Todas las familias son psicóticas", por supuesto enfilaron hacia psicología. Cuando compré "Como una buena madre", no lo encontraron, claro está, en maternidad.
Me refiero a los malos libreros. No, no son libreros. Llamémoslos empleados de comercio. Hoy en día, en las grandes cadenas de librerías, no hay más libreros. Hay chicos y chicas jóvenes, predispuestos y de sonrisa esmaltada, que por suerte saben utilizar las computadoras que les dirán dónde está el bendito libro. Si se cae el sistema, para ellos se termina la literatura. Pero libreros no. Libreros les queda grande.
No han leído. Estos empleados no leen los libros que venden. No saben leer.

Yo amaba a mis libreros. El primero tenía una librería pequeña en una galería subterránea donde hoy hay un supermercado. Allí me iba por las tardes, y me sentaba en el piso a leer. Él me conocía y no le molestaba mi presencia. Al contrario. Supongo que ver a una niña de 8, 9 ó 10 años leyendo con tanta pasión y juntando su dinero para comprar libros, le debe haber estimulado. Debe haber pensado que justo por eso era librero. En esa librería, "Abaddón" libros, Rivadavia 6583, Galería Vía Río local 6 y 8 (acabo de buscar un libro que sé que compré ahí y está el sello) compraba los libros de la colección Iridium. "Verónica", "Verónica al timón", "¡Ánimo Verónica!". Me atraían los libros que llevaban mi nombre. También compré allí los libros de la colección Hardy Boys y Nancy Drew. Eran difíciles de conseguir y el librero me los traía para mí. Los libros de la colección "La brigada juvenil", y mis primeros libros de mitología griega. Cuando no iba a Abaddón me iba a un local de revistas usadas en la que sigue siendo la galería Boulevard, del barrio de Flores. Era un local con olor a papel viejo, con peligro permanente de avalancha, sucio, muy sucio. Pero allí estaba todo lo que uno podía desear de la vida. Me cambiaban dos revistas mías por una, por supuesto (para cambiar 1x1 debía irme al Parque Rivadavia y cambiar con otros chicos), y yo me quedaba horas y horas, porque llevaba decenas de revistas y tenía mucho para elegir. Además las hojeaba, no fuera cosa de que me llevara una repetida o una mala. Me gustaba "Archie", y todos los clásicos argentinos. No demasiado "Susie, secretos del corazón", esas las leían mis hermanas. Tenía la fantasía de que un día encontraría el primer número de "Hijitus" en el que, según yo, se contaría cómo consiguió su sombreritus.
Crecí y esas dos librerías desaparecieron. Llegó "El Buho", en Rivadavia al 6200 en donde hoy hay un kiosco. El Buho ya fue otra cosa. Yo había crecido y el hombre de mi vida era justo el librero. Joven, bohemio, con barba y pelo largo. Él, Jorge, me recomendó "Fahrenheit 451" y me inició en la ciencia-ficción. Fueron muchos años de ciencia-ficción y de Jorge. Jorge me prestaba libros que necesitaba para la facultad, y yo los leía casi sin abrirlos y se los devolvía con agradecimiento infinito. Jorge puso mi primer libro (editado por una Mutual, para recolectar fondos) en la mesa de ventas, y me contaba cuántos se vendía y me daba el dinero sin cobrarme ningún porcentaje. Jorge me iba enseñando de literatura y de vida. Es posible que haya sido su cliente favorito pero, para mi desilución, nada más. Cuando Jorge cerró me quedé huerfana de libreros. Sé que hay librerías donde aún atienden hombres y mujeres que saben de libros, que los leen, que los entienden, que los aman. Pero en Flores sólo queda la señora de la librería Distal de Carabobo, que me recomendó el libro de cuentos "Amores en fuga" y que me consigue algún libro difícil, y que siempre me cuenta alguna anécdota sobre algún libro mío que vendió, y me pregunta qué estoy escribiendo y cuándo volveré a publicar. Pero ya no es lo mismo. En las librerías ya no quedan tesoros por descubrir. El libro que no vendió lo suficiente es desterrado a los quince días. Y a nadie le importa. A estos empleados de comercio no les importa. No les importa que yo esté buscando un libro que ellos no tienen. No les importa no saber. No les importa no poder escribir correctamente el apellido de un autor. No les importa en lo más absoluto que también venden libros míos, porque es más importante pedirme que abra la cartera cuando me voy.

Yo creo que algún día estos pseudo-libreros serán castigados por el hecho de haber ocupado un puesto sagrado. Que algún día todos los libros difíciles, raros, insólitos, profundos, distintos, originales, que ellos jamás osarán recomendar, caerán una y otra vez sobre sus cuerpos hasta que las palabras les queden grabadas en la piel. Y por allí andarán, pequeñas almas con las pieles escritas, sin poder entender el argumento.
Y a los libreros de Abaddón, de El Buho, del Distal de Flores, a todos ellos, GRACIAS.