13 septiembre 2005

ESCRIBIR PARA CHICOS NO ES UNA PERVERSIÓN

¿Qué es lo que lleva a un escritor -digamos a cualquier escritor, alguien que sabe contar una historia y manejar los recursos de su idioma, alguien que necesita expresarse por escrito porque, erróneamente o no, cree que tiene algo para decir- a escribir para chicos? ¿Qué pasa por su cabeza cuando decide que sus lectores serán personas en desarrollo, incapaces siquiera de ganar por su cuenta el dinero para comprar ese libro; incapaces incluso, durante gran parte de sus vidas, de elegir el libro por sí mismos, de leerlo, por no decir ya de alcanzarlo en las librerías? ¿Por qué un escritor, un buen escritor, decide que por el resto de su vida escribirá historias sin sexo (a menos que se trate de contar cómo se hace un bebé), sin un hijo de puta (porque tampoco dejamos, como padres, que nuestros hijos digan malas palabras), sin asesinos seriales (un mal ejemplo), sin un análisis profundo de la política mundial y su relación con la quema de plantaciones de rabanitos en Indonesia?

Lo hacen, lo hacemos, lo hago, no porque sigamos siendo chicos como se dice por ahí (porque a la hora de pagar los impuestos cualquier resto de infancia o ingenuidad se te va a la mierda) sino porque hemos guardado un registro poderoso no de lo que fue la infancia (que más de una ha sido desdichada, solitaria, incomprendida y patética), sino de lo que es jugar. No el juego físico, no el elástico ni la mancha, sino el proceso mental que te lleva a querer convertir cualquier cosa que te rodea en un juego. Como cuando la maestra te llamaba la atención porque estabas en "la luna", y vos en realidad estabas pensando que venían extraterrestres a secuestrarte, justo a la hora de la prueba de geografía. Como cuando imaginabas que tus padres verdaderos te habían abandonado en esa famosa puerta vaivén del Hospital de Niños, y habías tenido la mala suerte de que te recogiera esta familia que te obliga a lavar los platos.
Porque ser adulto, para estos niños, para nosotros, los que escribimos para chicos, es perder esa capacidad lúdica. Es descubrir que el pan es pan, y el vino, vino. Es la realidad sin asombros. Ser grande es ser aburrido. Profundo, sí, intelectual, pero terriblemente aburrido. Como todos esos libros y blogs aburridos de escritores que escriben para grandes y usan palabras difíciles, y hacen análisis de la realidad, y no juegan, porque se olvidaron de cómo es jugar.

Jugar y reír deberían ser sinónimos.

Durante los tres años de facultad, cuando viajaba en la línea 2, siempre tenía la misma fantasía: que aparecía una nave espacial, que de alguna manera se filtraba mi nombre a la prensa mundial, y todos comenzaban a buscar a una tal Sukaczer. Yo resultaba ser la elegida por la raza extraterrestre para hacer contacto. Me llevaban a su nave (ahora aprendí que a eso se lo llama "abducir"), y allí hacíamos un intercambio de culturas. Yo me dedicaba a cantar. Como los extraterrestres nunca habían escuchado la voz humana, la mía les parecía prodigiosa (justamente porque canto muy mal). Nunca escribí esa historia (por ahora), pero juro que jamás pensé, en esos viajes en el 2, en la simbología de la coalición mundial en relación al uso del copyright. Otra idea que me fascina (y que es real), es que los embriones de tiburones se comen unos a otros, en su afán por sobrevivir, en el vientre materno. También (y también es real) que existe una asociación que defiende enanitos de jardín, y un grupo terrorista que los secuestra. No puedo dejar de pensar qué pasaría si un chico común y corriente llega a un pueblo donde todos son vampiros. Y que en el día de los abuelos de cualquier escuela, un nieto descubre que su abuelo es un nazi. Y qué pasaría con un hombre incapaz de dejar de sonreír. También me obsesiona haberme enterado, no hace mucho, que mi mamá le daba propinas al calesitero para que siempre me sacara la sortija. Y una vez pensé, en pleno auge del "deme dos", que podía existir un instituto de enseñanza que tuviera el siguiente slogan: "pagan 2, aprende 1". Y esta es impagable, y salió en el diario: unos chicos de Humahuaca se pusieron a tocar el herke en verano, y casi inundan el pueblo. Porque el herke es un instrumento de invierno que se toca para provocar lluvias.

Ese es el juego. La magia con que funciona mi cabeza. Ideas, noticias, que no son más que pastillitas, curiosidades, relleno.

Hay escritores "para adultos" que saben jugar, por supuesto. Hay cuentos maravillosos y novelas fantásticas (de las que hablaré más adelante) que, con un idioma más sofisticado, se podría decir, más completo, más profundo, cuentan historias que también se las podríamos contar a los chicos. Pero claro, escritas así, en ese formato para grandes, los chicos no las entienden.

Por eso somos nosotros, los que escribimos para chicos, los que mostramos el camino para llegar a esa otra literatura. Y lo hacemos porque estamos allí, porque vivimos allí, en el mundo de las maravillas.

3 comentarios:

Isil dijo...

Aburridona la explicación

Verónica Sukaczer dijo...

Entonces acepto mi castigo: recibir sólo tu comentario.

Dael dijo...

A mí no me aburrió.

Jugar y reír. De acuerdo.