24 agosto 2005

PRESENTE INTELECTUALOIDE

No me sale. No hay caso, intento ser intelectual, pero no me sale. Me esfuerzo, estudio los requisitos. Con gusto cambiaría mi falta de audición por falta de visión, para poder usar esos anteojitos redondos que, no te hacen intelectual pero ayudan a armar la imagen. En épocas no tan lejanas también usaba ropa de bambula y chatitas de cuero artesanales que te hacen ampollas y te obligan a tener un gesto así, como de "yo me la banco porque soy muy intelectual". Pero no hubo caso. Me compraba libros de Sartre y de Martin Buber, clásicos en ediciones viejas y libros de política post-dictadura. Empezaba a leerlos, lo intentaba, pero en cuanto sentía que me iba a suicidar de aburrimiento, los abandonaba en una sana actitud pro-vida, y leía otros libros que no puedo nombrar, porque entonces habré perdido para siempre la posibilidad de ser declarada intelectual. De todos modos a veces lo parezco. En la facultad lo parecía, y los profesores decían que me veían muy intelectual, y yo les sonreía con esa sonrisita medio torcida de intelectual. Así que seguí fingiendo (total, esto de fingir se ha hecho rutina en mi vida). Luego comenzaron a aparecer muchos libros de autores argentinos, nuevitos ellos, que no sabían contar una historia, pero que parecían así de intelectuales. Tenía que comprar sus libros, por supuesto, porque eso leían los intelectuales (pero sólo entre ellos). En sus libros hablaban mucho de dictadura, de desaparecidos (como si no hubieran sido tan niños como yo), y había mucho monólogo, mucha exploración metalingüística, mucha rotura de esquemas y muchos tropos que no sé nombrar. Eso es algo que tampoco me sale, y por eso no termino de ser intelectual. No sé usar las palabras metalenguaje, hipocorístico, axioma, concluyente ni estructural en una oración. Qué voy a hacer, no me sale. Pero volvamos a los escritores argentinos. Sus libros terminaron donde terminan los libros que no han cumplido su misión en este mundo: en el Parque Rivadavia. Por suerte encontré muchos otros libros -que tampoco puedo nombrar- que no me ayudaron a ser ni parecer intelectual, pero me entretuvieron de lo lindo y hasta me dejaron alguna de esas enseñanzas de vida que deben dejar los libros. Muchos nombres ingleses, mucho humor, ciencia-ficción, historias al estilo "había una vez" en formato adulto. Yo quiero que me cuenten una historia, porque para analizar la realidad tengo al pibe que husmea en mi basura todos los días en la puerta de casa. Y miren que los escritores argentinos siguen escribiendo y siguen queriendo parecer intelectuales, y aunque yo intento subirme a ese tren no hay caso, no lo alcanzo. Por eso tampoco entiendo, no me sale, la moda actual de la literatura infantil realista. Ahora hay libros con piqueteros, amigos drogadictos, padres abandónicos, madres ausentes. Y la crítica dice que está muy bien, porque los pibes ya tienen suficiente maravilla en sus vidas con Harry Potter, y si uno los quiere preparar para el mundo en el que supuestamente van a vivir (el mundo en el que se prohibe a Darwin y se regalan espejitos de colores que dicen "cuidado, arma química") tienen que leer que la vida es una reverenda porquería. Y a mí no-me-sa-le. No hay caso. No puedo. Supongo que es porque nunca pude ser una intelectual, y me quedé en intelectualoide. Porque creo que si el pibe tuvo la mala suerte de ser abandonado por la madre en la góndola de los lácteos, y encima tomó frío, no va a querer gastar unos quince pesos en un libro que le cuente que la mamá no es mala, que sólo tenía problemas, y que al final el nene la encuentra, la perdona y la entiende, para veinte años después convertirse en padre golpeador. No puedo. Por eso, creo, sigo leyendo libros que no me hacen intelectual, y escribo sin poder escribir palabras como significante y paradigma, y sigo esforzándome en parecer, para ser como los otros, pero no hay caso, no me sale. Juro que lo intento. Compré ayer un libro de Manguel, "Historia de la lectura", y admito que en las primeras cinco páginas me ha parecido entretenido (pero veremos si termino las 400). Siempre anda por allí un cuento de Fontanarrosa, un guión de los hermanos Marx, un texto de Woody Allen para rescatarme del naufragio intelectual. Qué voy a hacer, a mí me gusta reír.

13 comentarios:

Gragry dijo...

¿Y Masliah? ¿Probaste a Masliah?
¿Y David Wapner?

La literatura infantil realista es un asco. Es políticamente correcta, por eso está prohibida en casa :P Quiero que mis hijos sean políticos y muy, pero muy incorrectos.

Jorge_Mayer dijo...

La situación que denunciabas respecto del servicio técnico es lo que comúnmente se conoce como síndrome de Estocolmo. El técnico oprime al que no sabe, lo coarta en su libertad, lo convierte en su juguete. Dentro de ese enclaustramiento al auxiliado no le cabe otra alternativa que encandilarse por esa presencia.
Suele pasar. Debe haber libros sobre el asunto.

Sobre el word y las bananas no voy a extenderme. Veo que no surte ningún efecto.

DonSergio dijo...

esta vida subtitulada
me cae de perilla
delicioso humor.

me gusta como cuentas
esa ansiedad que nos mata...
saludos poco intelectuales desde el otro lado de los andes.

Gus Nielsen dijo...

Ser un intelectual es lo más sonso que hay, y lo más aburrido de la tierra.

Barbarita dijo...

Un post buenísimo, Verónica. Me has hecho reir de lo lindo!

Verónica Sukaczer dijo...

A Masliah lo probé en las librerías, y no hubo química, me parece... y David Wapner me suena... pero no lo ubico. ¿Por qué no me mandás algo? ¿Daaale?

Jorge: si lo mío es síndrome de Estocolmo, ya mismo iniciaré las acciones legales contra mi secuestrador, para quedarme aunque sea con su parte que no es bien ganancial. Pero tendré que buscar un técnico...

DonSergio: bienvenido y gracias por el poema. Se aceptan invitaciones pagas al otro lado de los Andes. Quería rimar pero no me salió. Y eso que, como todos, empecé por la poesía :-(.

Gus: sonsos pero bien que te gusta parecerlo...

Barbarita: ¡gracias! Va el tomo de "Una niña anticuada" de regalo.

Jorge_Mayer dijo...

Yo que vos busco sustituto antes de quedarme en Pampa y La Vía. Se tarda mucho para cobrar. Además tenés hacer un casting a ver qué es lo que estás necesitando ahora.

Voyeur dijo...

ya que entré por primera vez a tu blog y me pareció de lenguaje de reunión, como una invitación del estilo de vení, sentate, charlemos de algo, un día voy a contarte, con el riesgo obvio de que no te interese en lo más mínimo, cuál es mi método de búsqueda de libros. no será este día porque siempre se precisa una buena excusa para volver a donde uno se ha sentido cómodo.

usted sabe: sentirse cómodo nunca es una excusa bien vista; sería como hablar de política en la mesa ¡vaya mal educado!.

cariños.

Verónica Sukaczer dijo...

Hola Voyeur, qué lindo tu mensaje, a pesar de que venga con alguien con nombre de perversión :-). Es verdad, esto ha salido como una reunión de amigos y espero se mantenga así. Y por supuesto que sí me interesa lo de tu método para elegir libros, y espero que regreses por acá. Mi vieja siempre dice, cuando viajamos y no nos alcanza el tiempo para visitar todo, que es bueno dejar algo que nos incite a volver. Y también me gusta discutir de política en la mesa, pero creo que más de religión.

Anónimo dijo...

Mardagobio Blogo, el blog de David Wapner:


http://mardablogues.zoomblog.com/

Flavia dijo...

Disculpen, no quise figurar como anónima, aquí va la dirección del blog de David Wapner:

http://mardablogues.zoomblog.com/

Tambièn tiene una página en Imaginaria:
http://www.imaginaria.com.ar/03/3/wapner.htm

Suerte,
muy bueno el blog

Naty dijo...

Es una pena que ahora quieran desterrar la magia de reir hasta de los cuentos "infantiles". Eso demuestra o importante que es, y lo difícil que se le hace al sistema controlarnos si nos hemos impregnado de estos textos desde pequeños.

maldoror dijo...

Te confieso y sé que luego me vas a despreciar. Leo It, de Stephen King y gozo una bola, como se dice en Venezuela. Que vainas nos echa la vida. ¡Pero lo voy a negar, yo nunca dije esto, es obra de un hacker!