17 agosto 2005

POR QUÉ LOS CHICOS NO LEEN

Hace varios años me invitaron a participar de una mesa redonda en la Feria del Libro. El tema: "Por qué los chicos no leen". Como dudo de mi coherencia cuando hablo, llevé las respuestas por escrito y las leí. Todavía, y gracias a la magia de la Web, se sigue bajando y usando este texto. Aquí va.

Gabriel es un chico de, pongamos, 10 años. Sus padres tiene alrededor de 35, y se quejan de que su vástago no lee.
En realidad sólo lee comics, los chistes del diario, los manuales de la escuela, los carteles de la calle, las indicaciones que dan sus programas de computación y los carteles de los bancos para saber a cuánto está el dólar. Es un chico moderno.
Los padres, preocupados porque saben que su hijo, estudie lo que estudie en el futuro, igual no va a encontrar trabajo, deciden darle una educación completa y compleja. De 8 a 12 escuela primaria, de 15 a 16 computación, de 16 a 17, inglés, de 17 a 18,30 escuelita de fútbol porque en cuerpo sano mente sana, y de 19 a 20 taller de arte para que desarrolle su creatividad.
Gabriel vuelve molido a su casa a las 9 de la noche. A esa hora, y porque los niños deben leer para desarrollar su espíritu, si es que el espíritu se desarrolla, el padre intenta leerle algúna fábula de Esopo. Ustedes ya se imaginan a dónde manda el chico a todos los animales juntos.
Un día, Gabriel pasa por una librería y ve un estupendo libro de tapas duras: "Por qué se extinguieron los dinosaurios, y cuándo se extinguirán los humanos". Gabriel se enamora del libro. Aunque la madre supone que saber cómo murieron los dinosaurios no va a aportar nada a la educación del chico, igual entra a la librería y pregunta el precio. 50 pesos, pero se puede pagar en dos cómodas cuotas de 30.
Para que Gabriel no se sienta mal, la madre pregunta al librero qué otro libro, más accesible, claro está, puede llevar para un chico despierto y curioso de 10 años. El librero le recuerda que en este momento existen sólo libros de terror para los chicos. Es una moda, le explica. Ya pasó la moda del humor absurdo, y antes la del amor infantil, y antes la de los versitos y antes la de había una vez.
A la madre le suena lo de había una vez, así que lleva un libro viejo, y por eso barato, que comienza así: había una vez un señor que tenía un paraguas mágico.
Mientras el padre le lee, Gabriel se levanta de la cama, prende su PC, y dibuja un paraguas en tres dimensiones.
-¿Era así el paraguas mágico, papá? -pregunta.
-Bueno... -dice el papá- puede que sea así, no es lo mismo... ¿no es más lindo imaginar el paraguas que tener que verlo?
-Andá viejo... no seas dinosaurio -responde Gabriel- y para completar su obra, agrega al dibujo del paraguas ruido de lluvia y la canción la bruja está en la cueva.
La verdad, queda muy bonito.
El padre, algo molesto, cierra el libro del paraguas mágico y se va a la cama. ¿Qué hace cuándo se acuesta? ¿Lee un libro? No, mira Videomatch y se ríe como loco con las cámaras ocultas.
Al día siguiente el padre se reúne en un café con sus amigos y les comenta lo sucedido. Uno recuerda los libros que leía de chico: Julio Verne, Salgari, Bomba el niño de la selva. Ya no existen libros como aquellos.
Otro comenta que un amigo escritor de libros para chicos presentó a su editor una novela como aquellas, con más de 200 páginas, y que editor no se la quiso publicar porque dijo que los chicos ya no leen tanto. Cultura light y rápida. Mucha imagen, fue el consejo del editor.
Alguien se da cuenta: estamos en un círculo vicioso, los chicos no leen tanto como antes porque la cultura cambió, los editores no publican libros buenos porque dicen que los chicos no leen.
Como ese mismo día llueve, Gabriel no va a la cancha de fútbol y se pone a ver por cable viejos capítulos del Super-agente 86. Luego se pone a jugar con una imaginaria 99, investigan un caso que acaba de inventar.
-¿Es tan mala la televisión? - habrá que preguntarse.
Los padres de Gabriel se criaron con la TV y tan mal parece que no salieron. Yo me crié con la TV y con los libros, todo al mismo tiempo, y les puedo asegurar que era capaz de dejar Mujercitas de lado para ir a ver La mujer biónica, luego soñaba que era Jo March, pero todos mis movimientos los acompañaba con el ruidito característico que hacen los miembros biónicos. Y nadie me saca de la cabeza que si algún día se construyen piernas y brazos biónicos van a hacer ese ruido.
Así que me parece que debemos responder otra pregunta: ¿no será que los chicos sí leen, pero de otra manera? ¿no tendremos que buscar la manera de incluir el libro en las nuevas formas de comunicación?
Por supuesto no tengo la respuesta.
Pero volvamos a Gabriel, un día descubre en el sótano de su casa un arcón lleno de libros. La colección Robin Hood completa, con las páginas amarillas. Gabriel supone que es un pirata y que acaba de descubrir un tesoso. Abre un libro y comienza a leer. No puede parar.
Aparece la madre y le dice: ¿qué hacés acá a oscuras sin hacer nada?, mejor andá a mirar la tele.
Cualquier semejanza con la vida real no es pura casualidad.

¿QUE HICE, QUE ESTOY HACIENDO Y QUE HARE PARA INCENTIVAR LA LECTURA DE LOS JOVENES?
No hago nada.
Paso a explicarme porque la nada es muy amplia.
No voy por las escuelas diciéndoles a los chicos que lean, pero si alguno se acerca, me animo a recomendarles algunos libros muy buenos.
Tampoco soy una estudiosa de la literatura infantil, ni una pedagoga que sepa qué hacer para incentivar a los chicos a leer.
Lo único que sí hago es escribir. Supongo que mientras alguien escriba, va a haber alguien que lea.
Además, esto de tener que incentivar a los chicos para que lean... no me termina de cerrar. Ningún chico va a leer si no tiene interés de leer. Y todos sabemos que basta que uno le diga si a un chico, para que diga no.
Por eso se me ocurrió hacer una lista de ideas que tienen que ver con mi experiencia personal, es decir, sobre cómo yo me acerqué a la lectura.
1- No les "rompan" a los chicos para que lean. Porque el chico que lee por obligación no vuelve a leer. Por ejemplo, yo tuve que leer en la escuela el Martín Fierro, y tuvieron que pasar muchos años para que se me fuera la bronca y me acercara al libro de otra manera.
2- Doy otro ejemplo, cuando yo estaba en 6º grado, la directora de la escuela, una bruja, decidió que teníamos que leer más. Asi que tomó una pila de libros de la biblioteca de la escuela, y nos dio un libro a cada uno. Cualquier libro a cualquiera. Teníamos que devolverlo a los 15 días. Obviamente nadie lo leyó, y supongo que en ese momento murieron varios buenos lectores.
3- El chico que ve a la gente que tiene alrededor leer con interés, va a leer.
4- Lo mismo el que tiene libros a su alcance.
5- Escondan los libros. No es joda. Lo que conté que le sucedió a Gabriel me sucedió en realidad a mí. Encontré en el sótano de mi abuela un arcón lleno de libros viejos, parte de la colección Robin Hood y varios de Alejandro Dumas y Victor Hugo. Además un ejemplar de Las mil y una noches del año 1909. Los leí todos.
6- Prohiban a los chicos que lean. En cuanto ven que el chico agarra un libro, díganle que no es para su edad o que no lo entendería (también me sucedió a mi) y van a ver cómo el pibe se pone a leer a escondidas para saber qué tiene de prohibido ese libro.
7- No elijan los libros que sus hijos, dejen que ellos vayan a las librerías y hagan un poco de lío. No hay nada más interesante que tirar abajo una columna de libros para encontrar lo que se busca.
8- Permitan que el chico les cuente por milésima vez cómo hizo el Conde de Monte Cristo para escapar de la prisión de If, aunque ustedes hayan visto la película. Si el chico siente que para los demás también es apasionante la historia, buscará otro libro y volverá a contarles mil veces el argumento.
9- Hablen de libros. Cuéntenles a los chicos cuál fue el libro que leyeron de chicos y les abrió la cabeza.
10- Jamás de los jamases acompañen un libro con una actividad,por ejemplo: bueno, ahora que terminaste de leer buscá todos los sustantivos que empiecen con p. El chico tiene derecho a leer por placer, como lo hacen los adultos, y a no tener que buscar ninguna enseñanza en lo que lee.
11- Respeten los comics y las historietas. También son lecturas "serias"
Si después de todo esto, el chico no lee, permítanle que prenda la tele.

6 comentarios:

Bestiaria dijo...

Cuando era chica mi mamá me dio su colección Robin Hood, que leí entera, a pesar de que ya era antigua para la época.
El primer libro que leí en mi vida, fue a los 8 y era "Un cuento de navidad" de Dickens. Me daba tanto miedo, que de día lo leía y de noche lloraba y no dormía.
Por tal motivo, mi papá lo escondió cuando sólo iba por la mitad.
Di vuelta la casa hasta que lo encontre, y para que no se diera cuenta, todos los días leía un poco y lo volvía a poner en el mismo lugar.
Ahora Dickens es uno de mis escritores preferidos.

baker dijo...

Yo creo que el gusto por la lectura es más un privilegio que un aprendizaje, o en último caso, una combinación de ambos. A mí nadie me inculcó ese placer, me vino solo. Besos y felicitaciones por la iniciativa, supongo que de a poco le vas a ir tomando el gustito.

Verónica Sukaczer dijo...

Gracias a Baker por participar. Podés pasar a retirar tu regalo por la oficina.
Bestiaria: yo también me enamoré de la colección Robin Hood, y más si los libros eran viejos. Siempre me gustó no sólo leer, sino el libro como objeto. Uno de mis preferidos era "Violeta".
Cariños

Barbarita dijo...

Yo lo que más hacía cuando era pequeña era leer. Sentía un placer en los libros que no me lo daba ningún otro juego. Mirar la tele también estaba bien, pero ahí no me podía meter bien bien adentro de las historias, y es por eso que no me gustaba tanto. Mientras duraba la lectura de un libro, me pasaba varios días en el interior de otro mundo, del que sólo salía para ir al colegio y alimentarme. Lo disfrutaba mucho.

Pero entiendo que hoy en día a los niños les cueste ver la diversión en algo que es sólo papel y más papel lleno de palabras, porque vivimos en la cultura de la inmediatez.

Por cierto que el último libro que me compré es un libro para chicos: "El fragmento", y ocurre en Corea, en el siglo XII. Es la historia de un huérfano que sueña con ser alfarero. Me lo compré justamente porque me encantó el nombre del personaje, Oreja de Árbol... ¡y porque yo de chica también quería ser alfarera!

Verónica Sukaczer dijo...

También yo leía como si el mundo fuera a terminarse. Pero vamos a decir la verdad, a la hora de ir a la cama, sólo pasaban Kojac (¿se escribía así?), que no me gustaba. Y unos libros que me encantaron fueron los de Anne Shirley (Anne la de los tejados verdes, y continuaciones). También los de chicos detectives. Me podía quedar leyendo hasta la madrugada. Y llevaba una lista de los libros que leía, por lo que recuerdo que eran entre 60 y 100 por año. Ahora si llego a 10 en un año, es mucho... ¡Tengo sueño!

daisy dijo...

Bueno, recién ahora leo estos posts, evidentemente se me escapó un mes...
Yo quiero que mi hija ame la lectura como la amo yo. Y solo me parece que lo va a aprender con el ejemplo. Por eso estoy tranquila. Al padre y a mí nos va a ver leyendo bastante seguido :-)
Por lo demás, tus recomendaciones... excelentes!