28 diciembre 2005

MI PROYECTO 2006

Teniendo en cuenta la moda literaria reinante, la fama y dinero que hacen quienes se prenden a ella, y obviando las críticas, ya que quienes reciben malas reseñas pueden decir que los críticos son escritores frustrados, va aquí el argumento de mi próxima novela, mi proyecto para el 2006:

Una mujer, periodista, judía, cínica (mi alter ego), que está veraneando en Israel, hace una excursión al Mar Muerto.
Al embarrarse con fines estéticos, encuentra entre el barro un trozo de pergamino que resulta ser un manuscrito perdido de la primera época del judaísmo. Allí se lee claramente que Abraham tuvo una hija y no un hijo al que Dios le pidió sacrificar. (Lo del hijo se debió a la fuerte cultura machista imperante, y a un pequeño error de traducción). El sacrificio que debía hacer Abraham, entonces, no era cortar el prepucio de su hijo, sino el clítoris de su hija.
Investigando, la periodista descubre que la verdadera tribu perdida del pueblo de Israel, la única que permaneció pura y no fue infiltrada por la cultura moderna, es la tribu de los ... (aquí va nombre, hay que investigar) que aún hoy practica la ablación del clítoris en las mujeres.
Por supuesto la periodista (que como es mujer no pudo ocultar el secreto de su descubrimiento) comienza a ser perseguida por una secta de mujeres feministas que conocía el secreto de la hija de Abraham, pero lo había ocultado por razones justamente feministas. Esta secta sabía que en el pergamino se explica la forma en que, sin el clítoris, y sin perder energía en orgasmos varios, la mujer debía encontrar el camino a la sabiduría y poder total. Ese era el regalo que Dios le había dado a la mujer.
La Iglesia también lo sospechaba, y desde la antigüedad venía buscando el pergamino para destruirlo, ya que consideraba que la sabiduría y el poder total en manos de la mujer llevaría a la destrucción del mundo, o, por lo menos, a convertirlo en un gran outlet.
También aparece aquí una secta de judíos ortodoxos de Once que saben que si ese descubrimiento ve la luz toda su cultura y creencias caerán en desuso, y no pueden permitirlo. Están liderados por el mayor fabricante de pelucas de mujer, que desea impedir a toda costa que su negocio quiebre.
Comienza una lucha y persecución increíbles a través del mundo entre: 1) la periodista; 2) la secta de las feministas; 3) la Iglesia; 4) la tribu que aún hace la ablación del clítoris, porque ahora descubren que podrían dominar el mundo y necesitan saber cómo; 5) el grupo de judíos ultraortodoxos de Once; 6) una periodista que fue amiga de nuestra periodista pero que luego se peleó a muerte con ella por un hombre, y que quiere hacerse de la primicia.
En definitiva, todos se persiguen, hay muertes, misterios, el pergamino cambia de manos pero finalmente regresa a los de la periodista buena, que en el momento final decide cortarse el clítoris ella misma, para adquirir la sabiduría y poder total, pero su mano no le responde, tiene el cuchillo ahí, a centímetros y se da cuenta de que no puede hacerlo, y entonces se acuesta con el galán de la novela (por supuesto hay una historia paralela de amor, entre la periodista y un aventurero cazador de tesoros, increíblemente parecido a Indiana Jones en su primera película, que se pierde, la salva a ella, parece que lo matan, revive, y la vuelve a salvar a lo último) quien le ofrece el orgasmo de su vida, con lo cual ella se da cuenta de que la sabiduría y el poder total no están en la ablación del clítoris sino en el amor, que todo lo puede (y que tal vez Dios, sólo tal vez, lo que buscaba en realidad era someter a la mujer y no regalarle la sabiduría y el poder total) , y que el mundo debe seguir girando sin que nadie, ni siquiera las mujeres, descubran lo que es la sabiduría y el poder total, y que debe primar la democracia y el equilibrio, y entonces vuelve a hacer el amor con el Indiana Jones y destruye el pergamino, aunque ella no sabe que en esa tribu de mujeres sin clítoris acaba de nacer una niña con extrañas marcas en su piel, que bien podrían decir lo mismo que lo que decía el pergamino o no, podría decir que es el orgasmo el camino a la sabiduría y poder total, lo cual terminaría con la religión en el mundo, cosa que hace a esa niña extremadamente peligrosa para muchos. (Pero eso lo contaré en la segunda parte de la historia). Por supuesto hay muchos baches en la historia, todavía hay mucho que limar, pero creo que está bastante bien para algo escrito en diez minutos, de una y sin relecturas.
FIN

Como es notorio que mi novela molestará a todas las religiones, a los grupos feministas, a ciertas tribus indígenas, y a la asociación de comerciantes de Once, tendré muchísima publicidad gratuita y mi libro será el más leído durante dos años en todo el mundo.

Después no digan que no les avisé.







26 diciembre 2005

EL 2005 LEÍDO

(no incluye relecturas ni libros infantiles)

"Cómo ser buenos" de Nick Hornby
"El perfume" de Patrick Süskind
"El chofer que quería ser Dios" de Etgar Keret
"Las cenizas de papá" de Graciela Cabal
"Del cielo a casa" de Hebe Uhart
"La noche del oráculo" de Paul Auster
"El librero de Kabul" de Asne Seierstad
"Animales sueltos" de Hannah Tinti
"Rey secreto" de Pablo de Santis
"Pequeños cuentos misógenos" de Patricia Highsmith
"La vida y otros síntomas" de Rudy y Pescetti

Siguen en proceso:
"Sábado" de Ian McEwan
"Una historia de la lectura" de Alberto Manguel

Preparados para la temporada de pileta y vacaciones
(un ojo en los libros, un ojo en los niños):
"Nunca me abandones" de Kazuo Ishiguro
"Inconcebible" de Ben Elton
"El rey de la milonga" de Fontanarrosa

Señor/a Supremo de la Literatura (a partir de ahora S/aSL): perdón, he pecado. He leído poco. Añoro los años de la juventud en que eran más de 60, más de 100 los libros que leía por año. De todos modos los que nombro son los nuevos, he releído, no se crea. Pero... ¿ha visto usted el precio de los libros? Y encima los que tenemos aficción por los de Anagrama... así no hay bolsillo que aguante. Admito que he tenido que optar a veces por un kilo de milanesas de nalga, y aunque eso me ha destrozado el alma, ha alimentado a mis retoños. Perdón, estoy cansada. Me levanto muy temprano y en paz, sólo para pelear a los cinco minutos con un crío que no comprende por qué debe ir a la escuela cada día de su vida, y con otro que quiere llevar al jardín su remera de Ríver en vez del guardapolvo. Perdón señor, señora, señorita. A la falta de dinero (y además a mí nadie me regala libros, ni me envían las editoriales, sépalo usted que quizás puede hablar con alguien que hable con otro que busque un par de saldos o algunos con las tapas rotas, no me importa) se suma también la... la... casi no me animo a decirlo. ¡Sí! ¡Perdón, perdón! Miro televisión. He visto y seguido con fidelidad este año "Lost", "Amas de casa desesperadas", "Everybody loves Raimond"; "ER"; y ahora miro "Medium"; la de la mujer presidente, ¡y hasta algunos realitys". ¡Perdón! A la sagrada hora de la lectura, la tele está allí y no me pide nada. Ni concentración, ni silencio a mi alrededor, ni tiempo siquiera. Quiero leer más. Me lo propongo. Será otro proyecto para el 2006. Lo prometo. Igual sé que no podré cumplir.

HAPPY NEW YEAR

Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas. Entonces
la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo, como
si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

JULIO CORTÁZAR
31/12/51

19 diciembre 2005

FELICES DESEOS

Hasta los más incrédulos de incredulidad total pedimos deseos cuando las circunstancias lo exigen. Con las velas de la torta de cumpleaños. Con el huesito de pollo. Con la pestaña. Al cambiar el año. No sea cosa de que haya que expresar de alguna manera conciente los deseos para que se cumplan, y que nosotros -los incrédulos- nos perdamos algo. Lo de fin de año es una mezcla de deseos y de proyectos que sabemos que nunca pero jamás de los jamases cumpliremos. Que nunca adelgazaremos los 5 kilos, ni empezaremos gimnasia, ni nos convertiremos en padres más pacientes, ni publicaremos ese libro. Lo sabemos. Pero la tradición, la costumbre, la incertidumbre, nos lleva a repetir los pasos cada 31 de diciembre, como si se tratara de una cábala para que el año nuevo sea mejor. En lo personal, lo que más me gusta del año nuevo es la agenda nueva. Acostumbro comprar una agenda ya en octubre o noviembre, y de a poco voy pasando los teléfonos, los cumpleaños, las fechas importantes, y hojeo todo ese montón de días en blanco fantaseando cómo se llenarán, qué cosa diferente anotaré, qué sucederá que todavía no lo sé.
En cuanto a los proyectos y los deseos para el 2006, los comparto con ustedes como una forma de desearles feliz año nuevo y feliz fiesta que les toque por religión, raza, credo, posición política, herencia genética o calendario carcelario.
Mis proyectos y deseos para el 2006:
Que un admirador de este blog me regale una notebook Sony Vaio. Que sea anónimo, así no tengo que agradecerle.
Que luego de cambiar la lamparita del balcón (que admito me da un poco de miedo porque se quedó pegada la rosca) me dé un choque eléctrico que me brinde superpoderes, sobre todo volar.
Que como superheroína pueda hacer cosas asombrosas, además de huir permanentemente de los yanquees que querrán atraparme para estudiarme y luego usarme en la guerra de Iraq.
Que al mezclar restos alimentarios de un par de días de antigüedad, de manera original, descubra la forma de paliar el hambre en el mundo.
Que todos mis ex-novios y los hombres que me abandonaron sufran alopecía con prurito y que, en oposición, mi marido vuelva a tener, por lo menos, la cantidad de pelo que tenía cuando nos conocimos.
Que mi médico me diga que apareció un remedio para tener el vientre duro y plano, sin necesidad de hacer abdominales ni abandonar las gaseosas.
Que escriba un libro, y que sea publicado el mismo año por una editorial de verdad que no quiera cobrarme.
Que la crítica diga que escribo mejor que Borges y vendo mejor que el Código Da Vinci.
Que alguien de Hollywood lea un cuento mío, lo quiera filmar, y gane el Oscar al mejor guión, aunque yo lo escriba en castellano y lo tengan que traducir.
Que me elijan de unos de esos programas en que te transforman, me den cinco mil dólares para cambiar todo mi vestuario, pero no me filmen después porque hubo un problema de producción, y yo igual me quedo con la plata.
Que la directora de la escuela de mis hijos no me intimide y no me sienta otra vez de ocho años cada vez que hablo con ella.
Que otro admirador anónimo me regale la TV con closed caption.
Que mis hijos adquieran la suficiente autonomía como para bañarse solos.
Que una cazadora de talentos descubra la belleza de mis hijos, los contraten para publicidad, y yo luego pueda decirles que les guardaré ese dinero para cuando crezcan, o no, que como cuesta caros mantenerlos, voy a usar la plata según mi criterio.
Que se descubra, aquí todos de pie y con sentimiento, un remedio para la celulitis.
Que pueda leer menos blogs y trabajar más.
Que me llamen para un trabajo excepcional y bien pago. (Nunca que tenga que salir a buscarlo).
Que terminen las obras del subte en Flores y que luego pongan a funcionar un subte de verdad, y no que los túneles quedan abandonados y se inunden, y dentro de 10 años encuentre allí a mis hijos practicando algún ritual satánico y fumando marihuana.
Que alguno de mis libros se traduzca a otro idioma y yo tenga que ir a presentarlo a ese país, con todo pago, por supuesto.
Que se invente un elixir del olvido para que yo pueda olvidar la confesión de mi mamá, de que le daba propinas al calesitero, y vuelva a creer que sí, que era una genio, que siempre y por la manera en que ponía la mano, por la rapidez de mi vista, por la gracia del movimiento que hacía con mi cuerpo, por la inteligencia que me decía cuándo era el momento justo... yo siempre me sacaba la sortija.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

30 noviembre 2005

NOS ESTÁN CAMBIANDO EL ARGUMENTO

Pongamos que usted está leyendo una novela en La Giralda. Allá usted. Yo prefiero leer en la cama, pero si a usted le interesa darse aires de intelectual leyendo en un bar, con el ruido pleno de Corrientes como acompañamiento de fondo, y encima rodeado de un chocolate con churros, qué le puedo decir. Como mucho que se ve que lo de la dieta sana a usted no le va, porque si cada vez que lee se baja un chocolate con churros, bueno viejo... después no se queje cuando le salte el colesterol y el médico lo acuse de sedentarismo con novela y bar. También podríamos hablar sobre su elección de leer novela, y por qué no un libro de cuentos, más teniendo en cuenta que yo escribo cuentos, pero ya sabemos que aquí me iría por las ramas. Bien, le decía, usted está leyendo una novela, y de pronto se le acerca un tipo a la mesa. Pongamos de unos 33 años, un tipo de aspecto hebreo, barba candado, algunas canas, y una túnica blanca que usted piensa que compró en Palermo Soho. El tipo se le acerca, está agitado, y sin pedirle permiso se sienta a su mesa y le dice que es el autor de la novela y que se equivocó, que ahora se da cuenta, que cuando estaba haciendo la última corrección algo le rumiaba en el inconciente, y ahora lo largó: necesita cambiar una parte del argumento. Bueno... si usted es tan quisquilloso, vamos a aceptar que ese cambio de argumento también modifica el final. Usted se queda medio tarado, no sabe qué decir, mira alrededor a ver si se trata de alguna jodita para un programa de televisión. Pero no, el tipo hasta le muestra el documento para que vea que de verdad es el autor del libro, y le ruega que se lo tiene que llevar. Está levantando todos los ejemplares para poder corregirlos. Es así. Casi un asunto de vida o muerte. Usted se queja con una vocecita insegura que al otro no lo convence. Le dice que lo acaba de comprar, que le costó carísimo... al precio que están los libros... y que venía bien, por lo cual no puede ahora llevárselo y cambiárselo. El tipo está apurado y comienza a ponerse nervioso. Le tira unos mangos sobre la mesa, manotea el libro y se va. Porque claro, lo del Limbo ya no le funciona. A la gente le cae mal que se metan con los bebés. Nunca hay que meterse con los bebés, a menos que la historia termine bien, y esta no cumplía los requisitos. Porque no sólo estamos hablando de que los bebés morían de bebés, sino que a falta de bautismo, que los hubiera purificado del pecado original (pecado que ese bebé, como mucho, recién podría llevar a cabo dentro de unos 15 años, aunque yo preferiría que esperaran un poco más, y sólo por amor), sino que para colmo de males esos pequeños corderos perdidos del Señor se iban al Limbo. No al cielo ni al infierno. Difícil que un recién nacido vaya al infierno, a menos que haya podido girar su cabeza 360º y vomitado verde (y admitamos que la mayoría en algún momento vomita verde). Pero que no vayan al cielo... a encontrarse con la bisabuelita y el bisabuelito, y la tía abuela que nadie soportaba pero dejó una linda herencia, y con la esperanza de volver e encontrarse alguna vez con sus papás... el argumento estaba mal por donde lo miraras. Pero tampoco era para cambiarlo. No podés venir a decir durante dos mil años (sí, ya sé, es menos, porque hay que contar desde que la Iglesia lo dijo, pero no estoy acá para hacer cuentas) que lo del Limbo es así, y millones y millones y millones de seres humanos se lo creyeron, y ahora decir que no, era un poco cruel, nos habíamos equivocado con la interpretación, porque... ¿qué mal nos puede hacer un bebé? Como mucho va a babear el arpa, pero aunque sea ocupa poco lugar. Lo que pasa es que ahora todo se hace al estilo Hollywood. Le mostrás la película a un grupo heterogéneo de seres humanos, y ellos dicen si les gusta o no les gusta, y según eso hacés el corte final. Ya sabemos que en "Atracción fatal" la mina no se moría, pero a la gente no le gustó, quería venganza, y entonces la mataron un par de veces en la bañadera. Lo mismo acá. Ahora la gente dice que lo del Limbo no va... no les convence... y que qué suerte que lo podemos cambiar ahora que existen estas tecnologías, ¿no? Y así terminan trastornándonos todos el argumento. ¡Y eso no vale! Lo digo yo. Si ya lo escribiste, ganaste el Planeta, lo publicaste y la mar en coche, tenés que tener los huevos o los ovarios suficientes para mantener tu palabra. No sea cosa que ahora nos vengan con que los primogénitos egipcios tampoco murieron, sino que apenas fueron picados por algunas langostas; o que a Jesús lo clavaron con clavos de acero quirúrgico, que no producen alergia; o que Adán y Eva no fueron expulsados del paraíso, sino sólo enviados a la dirección; o que lo del pacto entre hebreos o Dios era una broma, no era para que se lo cortaran en serio; o que lo de la Inquisición y las hogueras sólo fue un acto de desinfección contra la peste bubónica; o que Judas no traicionó a nadie, se equivocó y fue a terapia. No... no vengan ahora a cambiarnos el argumento porque es duro, porque la cosa se pasó de macabra o porque ya nadie se lo cree. Porque con ese criterio lo de la Iglesia también fue un error de interpretación, y lo que había que hacer era repartir la fortuna y ser pobres en serio. Esa sí que no se animan a cambiarla, muchachos, ¿no?
Así que yo les aviso: yo no les doy el libro aunque vengan a buscarlo. Háganse cargo. No puede ser que porque están perdiendo votos, decidan modificar los principios del partido. No funciona así. Y además, esta no la escribieron ustedes, así que antes de tocar una palabra averigüen sobre los derechos de autor, no sea cosa que vengan los herederos a reclamar y se arme la podrida. Ah, y ya que estamos, a mí lo del Mar Rojo nunca me cerró. Muy de comic el asunto, así que podemos decir que hubo un terremoto en el lecho marítimo, a... pónganle ustedes la cantidad de kilómetros que quieran, y un tsunami tapó a los malos. Si van a cambiar el argumento, si no queda otra... al menos háganlo bien... hay tantas cosas que se escribieron a las apuradas, me parece...
Y de última, a mí qué me importa. Mis hijos no están bautizados, no están circuncidados, no están legalmente reconocidos por ninguna religión y recién ahora comienzan a estar un poco psicoanalizados. Así que a los míos seguro seguro que les toca el único lugar sagrado de los ateos: el shopping. Y ahí sí... ahí es pura joda.

28 noviembre 2005

I´m THEIA

Para empezar la semana jugando, ¡tu nombre fuera de Matrix! Así es, este programita les dirá cuál es su nombre y a qué se dedican a partir del momento en que se animan a desconectarse de Matrix, y les quedan todos esos agujeritos en la espalda, que bien deben servir a la hora de sacarse sangre, y se ponen a salvar el mundo, aunque ya no hay mucho mundo, y la gente dentro de Matrix vive exactamente igual a como viviría afuera, así que no sé muy bien para qué vale la pena, si encima te hacen un corte de pelo horrible y fuera de Matrix no hay peluquerías. Pensándolo bien, hay gente que dice que existe un ser sobrenatural, conocido como Dios que mueve los hilos por aquí, con lo cual Matrix es lo mismo, con la única diferencia de que al diablo lo llaman virus.
Ahora bien... el juego me provocó cierto estremecimiento. Resulta que mi media naranja (legal), recibe el nombre de Osiris en su versión masculina, y el de Thalía en la versión que me convertiría en amante lesbiana.
Mi libro "Nunca confíes en una computadora" nació a partir del cuento "Jamás podré alcanzarte". Este cuento se basa en una anécdota relacionada, justamente, con mi medio kiwi (que entonces era mi flamante novio virtual). Estábamos ambos conectados al BBS que frecuentábamos, y de pronto a él se le cortó la comunicación. Cuando esto sucedía, aparecía un mensaje que decía: "Fulanito desapareció del sistema", o algo así. Mientras esperaba que volviera a conectarse, empecé a bromear con otros chicos. Decíamos que Fulanito acababa de morir, fulminado por su computadora, y que sólo podría volver a comunicarme con él on-line, ya que su alma debería haber quedado atrapada en el sistema. Bien... ¿cómo se llama este personaje en el cuento..? ¡Osiris! ¿Y cuál era mi id en ese BBS? ¡Talía! (como la musa de la comedia en la mitología griega).
No sé... como que me da cosa...

24 noviembre 2005

PEQUEÑO MANUAL LITERARIO PARA HOMBRES ABANDÓNICOS

Muchas veces un párrafo de un libro, un personaje, un verso, una metáfora corre la buena -o mala- suerte de ser adoptado por la sociedad, y convertirse en un lugar común, en una frase hecha. Hay discursos que, sin saber si han sido paridos por algún escritor, todos usamos. Hay argumentos, modos de decir, hasta palabras que se han convertido en clásicos.
El famoso "Un padre que da consejos..."; la poética Maga; el trillado "Tus hijos no son tus hijos..."; el bíblico "Hay un tiempo para todo..."

Pero "No sos vos, soy yo", sea quizás el ejemplo más significativo de esto que digo.
Que levante la mano quien no ha sido abandonada/o con esas palabras. (Yo estoy mirando para otro lado).
"No sos vos, soy yo. Me está pasando algo que no entiendo y necesito tiempo para mí. No quiero lastimarte. A veces pienso todavía en Fulana, y vos no te merecés eso. Sos demasiado importante para mí, y sé que algún día estaremos juntos. Lo paso genial con vos, pero sin embargo siento que debo poner distancia y, aunque te juro que no es lo que quiero, porque de verdad quiero estar con vos, no puedo mentirme a mí mismo. Vos sos lo mejor que me pasó en la vida, no sé qué haría sin vos, y sos justamente vos la que me ayudó a encontrarme a mí mismo, por eso sé que me vas a entender. Esto es lo más difícil que hice en mi vida, no se compara a nada, estoy destruido por dentro, y por eso tengo que dejarte ir, quiero que seas feliz y en este momento yo no tengo mucho para darte. Porque no sos vos, ¿eh? Soy yo..."
¡Un best-seller! Qué digo... ¡un long-seller! El argumento más vendido y trillado de la historia, un argumento que todos conocemos y que sabemos cómo termina. ¿Quién habrá sido el ingenioso abandónico que lo escribió o lo dijo por primera vez y que creyó que, quedándose con la culpa, estaría libre de pecado? ¿Lo habrán linchado, por lo menos?
Ahora bien, vamos a un rápido análisis literario. Al argumento le falta suspenso.
Cuando el hombre comienza con el "no sos vos, soy yo", la mujer ya sabe cómo termina la historia, y se pone en guardia. Y eso no era lo que querían, muchachos. Lo que deseaban era dejarla callada, confundida, sin ánimos siquiera de hacer una pequeña escena. Como cuando se lee un buen libro y el asesino no resultó ser el mayordomo. Pero no va a suceder. Cuando ustedes dicen "no sos vos, soy yo", ella va a retrucar: "sí, sos vos un reverendo hijo de puta, y te juro que yo sí quiero lastimarte en este momento, y que te duela mucho, a vos y a la Fulanita con quien vas a volver. Y es verdad, yo soy lo mejor que te pasó, pero no tenés la inteligencia suficiente para darte cuenta, y ojalá te encuentres a vos mismo leyendo a Bucay o a Coelho, que es lo máximo que entendés, y con suerte algún día vas a descubrir que no sos vos, es verdad... ¡soy yo la que te deja!"
Por lo tanto, lo que comenzó con un tono casi poético, tranquilo, algo excesivo en la repetición y el melodrama, exagerando además el voseo para que la fuerza del texto caiga sobre la otra persona, se mezcla de pronto con un tono chabacano, por qué no, de la calle, algo coloquial pero tipo cancha. A la falta de suspenso, entonces, se le agrega un golpe que los lectores de este drama no esperaban. Los insultos nos llevan a dudar de la calidad de la trama, y por momento hasta de cuál de los personajes merece nuestra misericordia.

Por eso, queridos hombres abandónicos, es necesario buscar nuevos recursos estilísticos. Ustedes quieren huír, eso lo sabemos. Se quieren ir y no desean volver a verla nunca más. Pero lo quieren hacer con elegancia, con cierta simpatía, quieren dejar en ella su marca, un recuerdo que no se borre jamás. Quieren, con una perversión que no son capaces de reconocer, que ellas crean que van a volver. Y todo eso para no lastimar su hombría, para retroceder como duques, para que sea ella la que los consuele y les diga que ojalá sí, ojalá algún día se encuentren a sí mismos, que ella entiende. Cualquier cosa con tal de que ella no llore, no grite, no suplique, no histeriquee, no pida, no ruegue. Y ello merece de un manejo de la excelencia literaria que no sabemos si tienen, pero que siempre se puede pedir prestado. Hay que ser sutil, directo, frases cortas, ideas claras, la trama sencilla y cierto misterio.
Se me ocurre (las ideas literarias son personales, por supuesto), utilizar aquí un estilo que yo llamaría "sincericidio", y que le dará a la trama un giro, un desenlace que nadie esperaba. Originalidad. Sorpresa. Eso es lo que deseamos de esta historia.
La sinceridad es lo único capaz de dejarnos calladas, atolondradas, confundidas, perdidas. Es lo único contra lo que no podemos luchar, porque, como dice la frase, "duele, pero no tiene remedio". Así que, ¿por qué no experimentar, por ejemplo, con?: "mirá, yo quería probar salir con vos, me pareciste linda, inteligente, con sentido del humor, y admitamos que tuvimos algunos buenos momentos en la cama. Pero la verdad es que resultaste insoportable. Enseguida deseaste cambiarme, hacer de mí un muñequito para mostrar a tus amigas, tu Ken privado. En la cama no te animás a nada nuevo, tardás horas en estar lista, te olés a cada rato las axilas, y te creés que no me doy cuenta, y lanzás unos grititos agudos que te juro que te rompen el tímpano. En cuanto a la inteligencia... hablar de ofertas no era lo que había planeado. Una vez está bien... pero conocer las diferencias entre Caro-Cuore y Victoria´s Secret me quitaron toda la libido. Hasta la mina con la que salía antes resultó mejor que vos, porque era caliente pero callada. Por eso es que no quiero volver a verte, y espero que no nos encontremos ni de casualidad, porque la verdad es que después de vos me va a costar volver a mirar a una mujer, y te digo más: en mí no hay nada malo, no soy yo, ¡sos vos!"
¿Qué tal? Hemos logrado llevar la historia hacia lugares insospechados. ¿Y qué podemos decir después de tal sincericidio? Como mucho tirarles en la cara lo que quede de la Coca light, y salir corriendo a comprarnos algo que nos suba un poco el ánimo. Luego gritaremos a los cuatro vientos que el tipo era un psicótico peligroso, un paranoico en plena crisis, y qué suerte que nos dimos cuenta a tiempo y terminamos la relación antes de que las cosas llegaran a más. Y con eso daremos por terminado el duelo y la historia. (Además acá aparece un juego de quién dejó a quién). Pero con el "no sos vos, soy yo..." les aseguro, seguiremos llamando. Y ahí es cuando la trama se pone aburrida, previsible y dejamos de leer.

Este ha sido mi primer aporte, pequeño pero sentido, al Manual Literario de Uso y Abuso Cotidiano.
Hasta la próxima.

22 noviembre 2005

LA FELICIDAD DEL BLOG

La felicidad está sobrevaluada. Parece que hay que perseguirla a cualquier costo, y ahora también es una obligación ser feliz con el blog. Weblogs sobre weblogs, de Clarín, ofrece una lista de qué hacer y qué no hacer para estar contento con el blog. Va aquí mi análisis:
1- No empieces si tu único objetivo es poner publicidad.
Esto es relativo. Si alguien es feliz con la publicidad, ¿por qué no comenzar? Y en caso de que ese alguien no pueda pagar su publicidad, ¿no le dará mucha felicidad hacer pubicidad gratuita en un blog? Yo admito que estaba pensando en vender varias cosas a través del blog, pero ahora no me animo... como que parece que queda mal... aunque un día de estos se viene mi aviso: "busco trabajo rentable". Bueno, lo pongo ahora y que parezca que tiene algo que ver con lo de no poner publicidad: "Busco trabajo rentable".
2- Tú pones las normas.
Eso me gusta. Yo tengo el poder del voseo, en primer lugar. Acá escribo lo que se me canta y no viene el jefe a decirme que prefería otro tono, otro estilo, otro tema, otro título, otro periodista.
3- Olvídate de las estadísticas.
Teniendo en cuenta que los números se hacen para recordar y saber, es difícil olvidarse. Y a mí me gustan las estadísticas. También me gustan los cuestionarios y las listas, no sé si viene al caso. Por ejemplo, me encanta llenar los formularios de inmigración cuando viajo en avión. Digan que la última vez que salí del país sera menor de edad, así que no sé si mantengo el gusto, pero también me gusta llenar las planillas de inscripción de la escuela de mis chicos, así que sí, debo tener alguna perversión relacionada con los formularios. También me gustaría poner acá un relojito, como vi en otros blogs, un contador de visitantes, un contador de críticas buenas, otro de hombres mayores de 35, solteros o divorciados sin hijos, otro contador de grasas saturadas consumidas por día, pero la verdad es que no sé, así que no me meto con las estadísticas porque me da miedo el template.
4- Cuida la apariencia de tu sitio.
Otra vez con lo de meterse con el template. Yo lo cuido. Está limpio. Las migajas caen en el teclado, no en el blog, así que con eso no hay problema. He visitado blogs que tienen bichitos caminando por la pantalla, y la primera vez te parece simpático, pero a la segunda te dan ganas de agarrar el Hogar y Plantas, así que no sé... me parece que es mejor poner énfasis en lo que se dice que en la portada... total la única tapa de un libro mío que realmente me gusta, es la del que menos se vendió... así que todo es relativo.
5-Intenta mantener un ritmo.
Lo intento, lo intento. Día por medio, o cada dos días, o cada tres si tengo otras cosas que hacer o no tengo otras cosas que hacer pero estoy leyendo otros blogs. Me gusta mantener el ritmo, no como con los abdominales que un día hago 10 y cuarenta días no hago ninguno, y cuando leí que había que hacer 300 por día para que dieran resultado, directamente abandoné.
6- Escribe acerca de lo que a tí te gusta.
Ese camino lo estoy transitando. Aunque uno piensa en el lector. Es mentira eso de que el escritor escribe para sí mismo y nada más. Ni siquiera un diario uno escribe para sí mismo, porque siempre sabés que tu hermanita menor lo va a leer (yo he sido hermanita menor, sé de qué hablo). Claro que una cosa es escribir sobre lo que a uno le interesa, como aquí la literatura, y otra cosa es escribir de lo que a uno le gustaría hablar, por ejemplo de lo mal que se visten, en general, las escritoras que escriben para chicos. Yo no sé por qué se visten tan mal. Como si literatura y moda no pudieran congeniar. Pero yo no quiero pelearme con nadie, así que de eso no puedo escribir, aunque me guste.
7- En tu blog mandas tú.
¿Alguien no lo tenía claro?
8- Los rankings y concursos son para blogstars.
¿Qué hay que tener para convertirse en blogstar? ¿Voy por buen camino o sigo la senda del blogsmediocrum? ¿Y por qué dejar los concursos, si se puede ganar, eh? ¿O acaso a "Más respeto que soy tu madre" no le gustó ganar? Vaya mi felicitación desde acá.
9- Los blogs colectivos son más divertidos.
Sí, es verdad, yo tengo Hijos y otros animales salvajes que pasa por Flores y recoge a varias más, pero aquí prefiero viajar en taxi.
10- Si algo no va bien, vuelve a intentarlo o déjalo.
Eso es fácil de decir. Mirá si yo voy a dejar a mi hijo en la puerta de una sinagoga porque me parece que no lo estoy criando bien. Como si no existiera la responsabilidad... ¿O acaso me voy a separar de mi esposo, que encima es el que trabaja, porque la cosa no va bien? No... esa onda fácil no va conmigo. Si algo no va bien, peleamos, lo mejoramos, aprendemos, nos superamos, lo vendemos. Pero abandonar... Claro... porque total los blogs te los regalan, y entonces empezamos acá con esa onda "pruebo y me voy", y la cosa sigue en la vida real, y después ya no hay marcha atrás. Después terminás pegándote un tiro porque te pusiste mal el rimmel, y no valía la pena quitarte el maquillaje y probar de nuevo, o aunque sea comprar un rimmel bueno, uno de marca, porque viste que los baratos te hacen mierda los ojos y te la pasás llorando todo el santo día. Claro... con ese criterio tiremos el mundo a otra galaxia que sí que nos salió mal, y después entramos a Internet y empezamos uno nuevo, y le ponemos http://planetanew.blogspot.com, o cualquiera de esos nombres de la era de acuario que se les ocurren a los departamentos de márketing de las editoriales, y empezamos de nuevo, pero como somos los mismos hacemos las mismas pavadas y lo borramos, y probamos entonces con http://solocaucasicos.blogpost.com, y enseguida sale otro que se llama http://orientalesdeavellaneda.blogspot.com, y otro http://musulmanesporunmundodemusulmanes.blogpsot.com, y todo parece nuevo pero no... es lo mismo de siempre, es lo mismo...

18 noviembre 2005

¡¡¡JURO QUE TRABAJO!!! (un poco)

Los occidentales nos definimos por lo que hacemos, no por quiénes somos. No hay que caer en la new-age ni convertirse en budista para saberlo. En cuanto conozco a alguien (hombre o mujer), y sobre todo si la persona me parece interesante, la información que solicito es: su nombre, su edad, a qué se dedica. Una persona sosa que de pronto sale con que es neurocirujano, adquiere para mí una importancia diferente. Una persona simpatiquísima que se dedica a la venta callejera de accesorios para celulares, me decepciona un poco. Me pregunto de qué podremos conversar, qué tendremos en común. Para qué negarlo. He aprendido a convivir con mis prejuicios y mis enanos fascistas. Porque es justamente cuando uno reconoce sus pequeñas o grandes bajezas, que la vida transcurre mucho más pacífica (aunque sea para uno mismo).
Pues bien, todo esta introducción es para decir que: YO TRABAJO.
Que no gane dinero es otro tema. Que gane dinero (que de hecho algo gano) pero que por el monto se pueda decir que mi sueldo es "simbólico", también es otro tema. Porque la verdad es que YO TRABAJO.
Con mis propios horarios, es verdad. No siempre, es cierto. Cuando tengo algo que decir, para qué mentir. Pero considero que todo lo que rodea al acto de escribir: leer, estudiar, investigar, leer blogs, pensar, mirar películas, todo lo que mueve mi creatividad, viajar, interactuar con otras personas, ir a espectáculos, muestras, etc, es parte de mi trabajo. También trabajo cuando escribo y tiro y tiro y escribo. Aunque al final del día no haya un producto terminado, léase cuento, he trabajado.
Por eso, desde aquí, admito que estoy podrida, harta, hastiada, agotada y deprimida de que me preguntan: Y USTED, ¿POR QUÉ NO TRABAJA? O cualquiera de sus variantes: ¿NO VA A BUSCAR TRABAJO?, ¿NO QUIERE TRABAJAR?, ¿CUÁNDO VA A TRABAJAR? ¿NO CONSIGUE TRABAJO? ¿DE QUÉ PODRÍA TRABAJAR? Y que me lo pregunte toda la gente que sabe que escribo, y que he tenido la suerte de publicar, pero que cree que por el hecho de pasar la mayor parte del día en mi propia casa, frente a la computadora, o corrigiendo mis escritos, no trabajo. Porque trabajar, para ellos, es ser infeliz. Es estar en una oficina de 9 a 18 horas. Es tener un jefe. Es hacer algo que no nos gusta ni nos interesa, pero que nos brinda a fin de mes un cheque con un monto aceptable. Se trabaja, en esta civilización judeo-cristiana occidental, sólo por el resultado. Trabajar para ser feliz está mal visto.
Pero yo trabajo (¿cómo se lo explico a la señora que trabaja en mi casa y que me pregunta por qué no trabajo, a pesar de que le regalé todos mis libros a sus hijos?). Trabajo de escribir, porque si no lo hiciera no podría vivir. Trabajo de escribir porque algo inscripto en mis genes me diseñó para esto. Trabajo de escribir porque cuando escribo algo sucede en el equilibrio cósmico que hace que el mundo siga girando, y cuando un chico lee uno de mis cuentos y sonríe, y piensa, y se estremece, y se emociona, sé que le he aportado un poco de mi alma, y ese es el mejor sueldo que uno puede ganar.
En conclusión: trabajo. No sé si de escritora. Decir "escritor" me parece algo muy grande. Trabajo, entonces, de inventar historias. Como un moderno juglar. Trabajo de ponerle palabras a la fantasía. Trabajo de crear mundos posibles o imposibles.

Lástima que quizás dentro de poco tenga que salir a buscar trabajo "de verdad", porque esto de llegar a fin de mes, parece, también es importante.







14 noviembre 2005

OBSESIONES

Se supone que todos los escritores tienen una obsesión, y que toda su obra no es más que un ir y venir y dar vueltas sobre eso que los obsesiona. A veces son pasiones. O un recuerdo. O un personaje. Hay escritores que pasan una vida investigando un solo tema. Hay quienes enloquecen por un momento histórico en particular. Por un personaje. Sin ir más lejos, el otro día un escritor amigo me comentó que le apasionaba el personaje del Zorro, y por eso estaba leyendo la novela de Isabel Allende, aunque ella, como escritora, no le interesara.
Esto de las obsesiones me parece serio y profundo. Intelectual. Que alguien se la pase toda la vida investigando sobre la forma en que los florentinos del siglo XIII hacían el amor, y que con eso pueda escribir una novela de época; otra pensando en cómo ese florentino viviría en la época actual; otra de ciencia-ficción, en que el florentino viaja por el tiempo, se contagia de SIDA, regresa enfermo y cambia la historia de la humanidad; y otra más sobre un vendedor de colchones asesino serial, me parece realmente maravilloso. Lo aplaudo de pie. Eso es un escritor. Un escritor debe tener una obsesión que lo acompañe toda la vida, incluso desde la más tierna edad, y puede y debe fundar una obra sólo alrededor de su obsesión.
Pues bien, yo no la tengo.
Lo he intentado. Lo quiero. Lo deseo. Pero no logro obsesionarme. Sé que sin una obsesión nunca seré una escritora de primera A. Pero no puedo. Debe tener alguna dificultad para concentrarme en un solo tema a lo largo de mi vida, y que encima me apasione. Debo tener una personalidad cambiante, o quizás no tengo nada de personalidad. Pero obsesión, lo que se dice obsesión, ninguna.
Entonces la busco. Si no puedo tenerla en forma natural, quizás lo logre por trabajo y esfuerzo. Obsesionarse no parece difícil. Me obsesiono fácilmente con los precios del supermercado. Estoy al tanto de todo lo que aumenta y eso me obsesiona. Podría ser un comienzo si me interesara la economía, pero lo único que de verdad me interesa es llegar a fin de mes.
Intenté con el tema de la discapacidad. ¿Quién mejor que yo para obsesionarse? Los libros sobre personas con discapacidad venden bien, se hacen películas y los actores siempre ganan el Oscar. ¿Por qué no sumarme a "Mie pie izquierdo", "Te amaré en silencio", "Rain Man"? Pero el tema me da fiaca. Mucho sufrimiento y autosuperación. Se puede llegar fácilmente a la autoayuda si no se escribe con cuidado. También, se me ocurre, podría obsesionarme con los acúfenos. Tiene cierto misterio el tema, cierta cosa prohibida. Me han dicho distinguidos profesionales que los acúfenos pueden causar locura. Que un tipo asesinó a toda su familia porque los acúfenos lo volvieron loco. Yo no sé si estoy loca, no soy quien para afirmarlo, pero que te enloquecen es verdad... Pero de ahí a matar a mi familia... mmm... me da cosa... tendría que estudiar la jurisprudencia, a ver si los acúfenos sirven como atenuante. O podría hacer un libro sobre tipos con diferentes acúfenos. Porque los hay tipo campanita, tipo mosca, tipo interferencia radial, tipo teléfono ocupado. De esto sé un montón. Pero no me obsesiona... la verdad que no, como mucho me jode un poco... ¿Y mi judaísmo? Judía no practicante, atea, casada con un católico, gusta de las tradiciones pero critica, ¿a quién puede obsesionarle eso? Tampoco me obsesionan los asesinos, ni los dictadores, ni la vejez (un poco la celulitis y la panza post-parto), ni la infancia perdida, ni el sueño americano, ni un hombre que amé, ni un hombre que no me amó, ni un sueño perdido.
Ejercicio de concentración: cierro los ojos y pienso en qué me está obsesionando en este mismo momento. En qué está ocupada mi cabeza.
En que aumentó la escuela de los chicos, y no tengo fruta para la cena.
No hay caso. Así, sin obsesión, nunca voy a llegar a nada, la puta que lo parió.

09 noviembre 2005

SE VENDE ESTE BLOG

Admito que tengo cierta obsesión con el dinero. Soy de las que cuentan y recuentan, consultan saldos a diario, anotan gastos, planifican e intentan ahorrar, aunque resulte imposible. Me obsesiona el dinero justamente porque no lo tengo, y porque me gustaría hacer muchas cosas más en mi vida que, sin dinero, simplemente no se hacen.
Por eso, y teniendo en cuenta que hay gente por ahí que pierde un tiempo valioso (en el que seguro podrían estar facturando) cotizando los blogs ajenos, no sé bajo qué concepto (lo explican por allí, pero son tablas aburridas y en inglés), pongo en venta el blog.
Hace una semana cotizaba a unos 8.000 dólares, hoy está a 12.000 y sigue subiendo. La cosa es transparente. Pensé que podría esperar un poco hasta que el precio suba, pero entonces descubrí cuál es mi función en esta vida: hago un blog, espero que se lea, aparezcan spam y comentarios y, cuando ya tiene un lindo precio, lo vendo e inicio otro. ¡¡¡Es el sueño de mi vida!!! ¡El trabajo que quise siempre!
Así que ya saben, pongo en venta este blog (ya estoy pensando el próximo). Sólo efectivo. Y si quieren, se dan una vueltita por ese lugar y cotizan los suyos. El juego es divertido. ¿O acaso no nos gusta saber cuánto valemos? (Esta última frase me hizo acordar a la esclavitud, pero no, mejor lo dejamos pasar, después de todo no era el esclavo el que se quedaba con el dinero, así que no, no tiene que ver).

LA VIDA CON SUBTÍTULOS: u$s 12.984,42.-
¡EXCELENTE OPORTUNIDAD!
PARA JUGAR, AQUÍ

07 noviembre 2005

REALIDAD VS. IMAGINACIÓN

Colecciono recuerdos como otros figuritas. Son mi esencia, mi material. Me maravillo de mi memoria. Lo recuerda todo, con lujo de detalles. Recuerdo qué sucedió, cuándo, cómo estaban vestidos los protagonistas, dónde estaban parados, cuál era su lenguaje corporal, qué dijeron y en qué tono. Si había sol o estaba nublado. Lo único que se me escapan son los nombres, muchas veces, pero jamás un rostro.
Sin embargo tengo tres recuerdos precisos que no sé si los inventé o si sucedieron de verdad. Un cuento, una película, un momento. No tengo testigos. Pienso que sólo existen en mi memoria, y que por eso debo haberlos inventado, pero sin embargo tienen detalles que los hace ajenos a mi mente. Quizás a alguno de ustedes le haya pasado. Quizás alguno sabe de qué hablo y vio esa película o leyó ese cuento.

La película se llamaba "Loly Pop", como un helado y como también se llamaron dos cotorritas mías. Trataba sobre un chico blanco y uno negro que se hacían amigos. Por alguna razón escapan (¿de un orfanato?) y comienza a nevar y ellos no tienen abrigo. En un momento alguno o los dos están dentro de un barril que cae rodando. Al final el chico negro abriga al blanco (¿con su cuerpo, con su ropa?) y muere.

Me recuerdo leyendo el cuento, y estoy casi segura de que esas hojas me pertenecían. Creí que había salido en la revista "Puro Cuento" (tengo la colección completa), pero allí no lo encontré.
Trata de un hombre que compra un libro cuyos caracteres son indescifrables. Sin embargo, cuando comienza a leerlo, cuando se concentra en las hojas, las palabras adquieren sentido. Pero si se distrae, si se levanta, si suena un timbre, si estornuda, las letras se mezclan otra vez y tiene que comenzar desde el principio. Se da cuenta de que leerlo le costará la vida (¿era así?), porque el libro le obliga a no hacer otra cosa que leer.

Estoy en Disneyworld con mis viejos. Tengo 23 años. En la fila para entrar a ver "Los pájaros" en 3D, hay un nazi de civil. De la Gestapo. No una persona que se puede pensar que es nazi por algún tatuaje o por estar rapado. Un nazi real. Lleva un sobretodo negro largo casi hasta los pies, sombrero de los años ´40. El rostro muy blanco y tétrico. Rubio. Muy alto. Está solo y nunca sonríe. Mira hacia adelante por encima de la gente. No hace gestos. No tiene la ansiedad típica de los visitantes del lugar. Cerca está el espectáculo de Indiana Jones, que tiene nazis, y pienso que el hombre tiene que haber salido de allí. Es más, creo que tiene alguna participación en este juego. Siempre hay alguien que se sienta entre el público y luego resulta que es uno de los actores. Lo que me asombra es que nadie lo esté mirando como lo miro yo. Que no llame la atención. ¡Es un nazi! Y temo que en cualquier momento descubra que soy judía y me lleve. Al entrar al cine lo pierdo de vista. Me pasan por encima los pájaros de Hitchcock. No hay participación de un nazi. Salimos. Lo encuentro. Él se aleja con paso decidido. ¿Es un nazi de Indiana Jones y quiso entretenerse un rato? ¿Es un fantasma del pasado que sólo yo veo? ¿Creyó que tal vez allí encontraría a Hitchcoock y podría llevarlo a Treblinka y anotarse un punto? ¿Es un solitario esquizofrénico que se viste de forma inusual? ¿Sacará un arma en algún momento y nos matará a todos?

¿Todo esto lo imaginé o realmente existió y sucedió? Y si fue verdad, ¿cuánto le agregué yo de imaginación, con el tiempo? ¿Cómo saberlo? A menos que encuentre el cuento, que vuelva a ver la película, que regrese en el tiempo y me tope con el nazi, ¿cómo saber si fue real? Y en caso de que no lo sea... ¿es normal que me imagine esas cosas y crea que sucedieron en la realidad?
Una vez le dije a mis padres (estábamos hablando de cómo todo el mundo se sorprende al enterarse de que soy hipoacúsica, porque "no lo parezco") y yo les dije que en realidad nunca había sido hipoacúsica. Soy la menor de tres hermanas, nadie me daba bola, me pasaban por encima... no tenía voz ni voto... Así que me hice pasar por hipoacúsica para llamar la atención. Pero lo hice tan bien que terminé creyéndomelo, y luego ya no pude abandonar ese papel. Mis viejos rieron. ¿¿¿Y si fuera verdad???

04 noviembre 2005

EL POST DE HOY

En el día de hoy mi yo, mi ello y mi super yo se enfrascaron en una inútil conversación que, a falta de otro tema para postear, transcribo acá. No puedo discernir quién dijo cada cosa. Hablan muy rápido y sus voces se mezclan y me llenan la cabeza de pelotudeces.

-¿Hoy qué vamos a escribir?
-Mirá que ya te pasaste con la literatura. Todo literatura y todo yo-yo-yo-yo. Te estás inflando.
-¿Me decís eso justo ahora, que acabo de bajar 5 kilos?
-Vos no bajaste de peso, te pinchaste y se te salió el gas. Eran cinco kilos de coca-cola.
-Estás envidiosa.
-¿Alguien me puede decir sobre qué vamos a escribir hoy?
-¡Forros! Sobre esas mamás que se asustaron porque a sus hijos les dieron forros en la escuela. Seguro que si les repartían un poco de TNT, en medio de una conversación sobre los logros yankes, no se asustaban tanto.
-¿Podés creer que todos los tipos que conocí usaban forros especiales? A ninguno le servían esos que te dan en los telos, los baratos. No, uno usaba forros humectantes para que no se le paspara, otro extra large para levantar el ego, otro sólo los lubricantes bactericidas, seguro nos consideraba unas roñosas, y otro sólo importados.
-¿De eso vamos a escribir, de forros?
-Yo lo que quería era cortar con tanta cosa literaria. Como que me perdí un poco... no era lo que había planeado.
-Vos vivís perdida.
-Mirá... sin ánimo de ofender, pero me parece que cuando escribimos sobre hipoacusia no nos escuchó nadie.
-Es que esas cosas sólo le importan a los que las viven...
-¿Viste que a la gente le molesta conversar con personas ciegas porque se les revolean los ojos?
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Yo decía nomás...
-Tampoco puedo seguir escribiendo sobre hijos porque para eso está el otro blog.
-Como siempre, llevamos a los chicos a una reunión para que los conozcan y vean qué lindo e inteligentes que son, y terminamos queriendo dejarlos en el sector infantil, con pelotero y alguien que los cuide. ¡Que no nos hinchen que queremos conversar un rato!
-Estaba pensando en abrir otro blog...
-¿Abrirlo? ¿Son como sucursales?
-Le quiero poner "Matrícula... " y sigue el número de nuestra matrícula, y allí podríamos postear notas de actualidad. Volver un poco al periodismo.
-Vos sos la única que quiere volver. Todas las demás queremos huír.
-Es que acá se está haciendo muy profunda la cosa... ¡mucha literatura!
-Si hoy en el shill, juego con los jueguitos del celular, ¿se escucha?
-¡Somos la tía del pibe! ¿Y vos te vas a poner a jugar con el celular?
-Son un embole los bar-mitzvá.
-Yo le voy a pedir a B que si algún día Alan se tiene que disfrazar, me preste el talit, la kipá y los tefilim, ¡y lo disfrazamos de judío!
-Mientras no haya otro disfrazado de nazi...
-¿Podemos volver al post del día?
-¿Tooodos los días hay que postear? ¿Ahora es obligatorio? No sea cosa que alguien entre y lea material viejo, ¡qué miedo!
-Bueno... pero entonces hasta el lunes no vamos a poder escribir nada. Mañana tenemos la lectura de Torá y el domigo la fiesta.
-¿Qué nos vamos a poner?
-El vestido de bobe.
-A mí me da miedo de que bobe encuentre un camino cósmico a través de nuestro vestido, y se meta en nuestro cuerpo para poder estar en el bar-mitzvá de su bisnieto.
-Vos hablás demasiadas boludeces.
-Literatura no, entonces.
-No.
-Chicos tampoco. Periodismo menos. Hipoacusia no. No nos queda nada por decir.
-La gente inteligente es la que se calla cuando no tiene nada que decir.
-Yo veo que vos seguís hablando...
-¿Saben qué me gustaría hacer? Un blog estilo telenovela, todo dialogado.
-Vos te querés subir al éxito de "Más respeto que soy tu madre".
-Justamente si no lo propongo en serio es por eso.
-El tipo va a publicar un libro, me parece.
-Se la pasan hablando de abrir otros blogs, pero en este no pasa nada.
-Es como que... no sé... ya van cuatro meses...
-¿Ya te aburriste? Porque vos dejás siempre todo lo que empezás.
-¡No! ¿Por qué siempre me tiran toda la culpa a mí? No me aburrí, lo que pasa es que... no sé...
-¿Qué te había dicho ese escritor super famoso con el que salimos varias veces?
-Que era una gata flora.
-Sos una gata flora.
-Una gata flora que escribe bien, dijo.
-Entonces... ¿hoy qué vamos a escribir?
-No sé... tenemos que hacernos las uñas y buscar a los chicos en lo de mamá. Ari ayer no se quiso bañar. Y seguro que habrá que planchar algo. Poné esto y listo.
-Yo el celular lo llevo igual, por las dudas. Pero le preguntamos a alguien si los juegos hacen ruidito.
-Me tenés los ovarios llenos, vos.
-Vos también.
-Che... los pibes que se llevaron los forros, alguno se lo debe haber probado, ¿no?

02 noviembre 2005

ELOGIO DEL LIBRERO

Cuando pedí "La rata cochero" fueron a buscarlo al sector de mascotas (luego de mirarme mal). Cuando quise hojear "Todas las familias son psicóticas", por supuesto enfilaron hacia psicología. Cuando compré "Como una buena madre", no lo encontraron, claro está, en maternidad.
Me refiero a los malos libreros. No, no son libreros. Llamémoslos empleados de comercio. Hoy en día, en las grandes cadenas de librerías, no hay más libreros. Hay chicos y chicas jóvenes, predispuestos y de sonrisa esmaltada, que por suerte saben utilizar las computadoras que les dirán dónde está el bendito libro. Si se cae el sistema, para ellos se termina la literatura. Pero libreros no. Libreros les queda grande.
No han leído. Estos empleados no leen los libros que venden. No saben leer.

Yo amaba a mis libreros. El primero tenía una librería pequeña en una galería subterránea donde hoy hay un supermercado. Allí me iba por las tardes, y me sentaba en el piso a leer. Él me conocía y no le molestaba mi presencia. Al contrario. Supongo que ver a una niña de 8, 9 ó 10 años leyendo con tanta pasión y juntando su dinero para comprar libros, le debe haber estimulado. Debe haber pensado que justo por eso era librero. En esa librería, "Abaddón" libros, Rivadavia 6583, Galería Vía Río local 6 y 8 (acabo de buscar un libro que sé que compré ahí y está el sello) compraba los libros de la colección Iridium. "Verónica", "Verónica al timón", "¡Ánimo Verónica!". Me atraían los libros que llevaban mi nombre. También compré allí los libros de la colección Hardy Boys y Nancy Drew. Eran difíciles de conseguir y el librero me los traía para mí. Los libros de la colección "La brigada juvenil", y mis primeros libros de mitología griega. Cuando no iba a Abaddón me iba a un local de revistas usadas en la que sigue siendo la galería Boulevard, del barrio de Flores. Era un local con olor a papel viejo, con peligro permanente de avalancha, sucio, muy sucio. Pero allí estaba todo lo que uno podía desear de la vida. Me cambiaban dos revistas mías por una, por supuesto (para cambiar 1x1 debía irme al Parque Rivadavia y cambiar con otros chicos), y yo me quedaba horas y horas, porque llevaba decenas de revistas y tenía mucho para elegir. Además las hojeaba, no fuera cosa de que me llevara una repetida o una mala. Me gustaba "Archie", y todos los clásicos argentinos. No demasiado "Susie, secretos del corazón", esas las leían mis hermanas. Tenía la fantasía de que un día encontraría el primer número de "Hijitus" en el que, según yo, se contaría cómo consiguió su sombreritus.
Crecí y esas dos librerías desaparecieron. Llegó "El Buho", en Rivadavia al 6200 en donde hoy hay un kiosco. El Buho ya fue otra cosa. Yo había crecido y el hombre de mi vida era justo el librero. Joven, bohemio, con barba y pelo largo. Él, Jorge, me recomendó "Fahrenheit 451" y me inició en la ciencia-ficción. Fueron muchos años de ciencia-ficción y de Jorge. Jorge me prestaba libros que necesitaba para la facultad, y yo los leía casi sin abrirlos y se los devolvía con agradecimiento infinito. Jorge puso mi primer libro (editado por una Mutual, para recolectar fondos) en la mesa de ventas, y me contaba cuántos se vendía y me daba el dinero sin cobrarme ningún porcentaje. Jorge me iba enseñando de literatura y de vida. Es posible que haya sido su cliente favorito pero, para mi desilución, nada más. Cuando Jorge cerró me quedé huerfana de libreros. Sé que hay librerías donde aún atienden hombres y mujeres que saben de libros, que los leen, que los entienden, que los aman. Pero en Flores sólo queda la señora de la librería Distal de Carabobo, que me recomendó el libro de cuentos "Amores en fuga" y que me consigue algún libro difícil, y que siempre me cuenta alguna anécdota sobre algún libro mío que vendió, y me pregunta qué estoy escribiendo y cuándo volveré a publicar. Pero ya no es lo mismo. En las librerías ya no quedan tesoros por descubrir. El libro que no vendió lo suficiente es desterrado a los quince días. Y a nadie le importa. A estos empleados de comercio no les importa. No les importa que yo esté buscando un libro que ellos no tienen. No les importa no saber. No les importa no poder escribir correctamente el apellido de un autor. No les importa en lo más absoluto que también venden libros míos, porque es más importante pedirme que abra la cartera cuando me voy.

Yo creo que algún día estos pseudo-libreros serán castigados por el hecho de haber ocupado un puesto sagrado. Que algún día todos los libros difíciles, raros, insólitos, profundos, distintos, originales, que ellos jamás osarán recomendar, caerán una y otra vez sobre sus cuerpos hasta que las palabras les queden grabadas en la piel. Y por allí andarán, pequeñas almas con las pieles escritas, sin poder entender el argumento.
Y a los libreros de Abaddón, de El Buho, del Distal de Flores, a todos ellos, GRACIAS.

31 octubre 2005

¡YO QUIERO UN PREMIO!

No he ganado muchas cosas en mi vida. Una vez, estando en la primaria, me gané una guitarra. Cuando la quise retirar me informaron que el instrumento venía acompañado o-bli-ga-to-ria-men-te de un curso de música que costaba lo que valían varias guitarras juntas. Mi vida está llena de frustraciones.
No es lo mismo ganarse algo por tener el numerito acertado, claro está, que ganar un concurso literario por mérito propio.
A mí me preguntan seguido por qué no participo en concursos. Me dicen, con las mejores intenciones, que los concursos son la puerta para publicar. Además dan prestigio y dinero. O dinero y prestigio. En el orden que a ustedes les guste. Te hacen conocida. Y si luego hay quilombo, ni les cuento. También me dicen que es más fácil ganar un concurso de cuentos que lograr que te publiquen un libro de cuentos. Pero yo no participo de concursos. Y como lo digo, tengo que explicar el por qué.

No participo de concursos literarios porque ya he ganado uno y, así como luego de casarme no necesité seguir buscando a otra persona, o luego de tener dos hijos dije basta, o luego de recibirme no me interesó estudiar otra carrera; luego de ganar un concurso me quedé realmente satisfecha y no sentí necesidad de volver a probarme.
Gané entonces la publicación de un libro y dinero. Me gustaron las dos cosas, para qué mentir. También me habían dicho que me iban a dar una escultura y no la recibí y a pesar del libro y el dinero me frustré un poco (yo lo quiero todo).
Cuando quise publicar mi segundo libro -que fue aceptado por la editorial- me enteré de que ya me conocían por ese premio, y que posiblemente ni me hubieran leído de no ser por él. Todo lo que se debía cumplir, se cumplió: el libro, el dinero, las puertas, el nombre.
Tuve suerte una vez y creo que en el libro del destino, mi sección premio ya tiene un ok. No puedo volver a tentar a la suerte.
¿Fue sólo suerte? Sí, quién lo va a negar. Se dio la conjunción mágica de que mi cuento les gustó a dos de los tres jurados. Les gustó más que los otros. No es más raro a que un chico entre a la feria del libro infantil y compre tu libro entre todos los millones de otros libros. Es suerte. Y gusto. Y el gusto es personal, ya lo sabemos.

Sin embargo no cualquier cuento/obra puede ganar un concurso. Se escribe "para" concursos de la misma manera que se escribe para tal colección o a pedido. Los cuentos que ganan concursos en general son profundos, conmovedores, con un pequeño toque de humor, y dejan un gran mensaje. Un cuento de Woody Allen o de Fontanarrosa no podrían ganar un concurso. Los cuentos sobre desaparecidos son favoritos. Si hay niños se gana un punto. Si es una historia de amor hay que huír del melodrama y de Corín Tellado. Corín Tellado tampoco ganaría un premio de cuentos. La ciencia-ficción no puede ganar a menos que el concurso sea de ciencia-ficción. Los cuentos cortos y los muy largos también están en veremos. Una buena trama política -como una buena policial- puede llegar a tener chances. Algo al estilo (aunque sea cine) "Z" o "I como Ícaro".

Yo, lo admito, participé de ese concurso con todo el deseo de ganar. Y escribí para eso. Hay otros cuentos que jamás podría enviar a concursos. Mis cuentos para adultos no sirven para ningún concurso. Por eso tampoco participo. (Y resulta que después de escribir todo esto y de hablar de sentirme satisfecha, no participo porque sé que mis cuentos no son "concursables").

Tampoco hay que olvidarse del jurado. Si una/uno no desea acostarse con todos, hay que ver quién es el jurado para saber qué le gustaría.
Siempre en el jurado ponen a algún escritor consagrado, venerado y viejo, que suponemos no va a leer más que los títulos y firmar donde le digan que tiene que firmar. Luego hay algún extranjero que no sabemos si comprende y lee nuestro idioma. Alguien más ligado a la editorial que por supuesto defenderá a muerte los principios económicos de la empresa. Y un par de escritores que están en pleno boom y uno se pregunta, con tanto trabajo y viajes de presentación, cuándo leen.
Le sigue la editorial que realiza el concurso. Yo puedo decir hoy, sin ninguna vergüenza (poquita en realidad) que cuando escribí para ese concurso, me leí, estudié y profundicé todos los cuentos que habían ganado los años anteriores, y el resto de la colección por si las moscas. No plagié a nadie, por supuesto, pero me "embebí" del estilo y temática que se premiaba. Sin embargo yo creo que se equivocaron conmigo. Esa colección es para chicos más chicos, y mi cuento es para más grandes. Pero qué le vamos a hacer, el dinero ya lo gasté.

Allí está: esa es toda la explicación de por qué no participo de concursos. Y además, y esto es lo importante, porque la mayoría de los premios, hoy en día, parece, están arreglados.
(Menos el mio, ¿eh?).

Eso sí, si me quieren dar algún premio sin tener que participar, lo tomo con gusto. Por favor, que nadie tome esto como una prédica anti-premios, o algo por el estilo. Nada que ver, muchachos, no se enojen, me encantan los concursos. Les abren las puertas a muchos. Doy fe. Así que ya saben: ¡yo quiero un premio! (cualquiera, no tengo grandes pretensiones).

27 octubre 2005

LO QUE EXTRAÑO DEL PERIODISMO

Leandro Zanoni de e-blog está censando a los periodistas con blog (dense una vuelta por allí, muchachos/as) y amablemente me ha incluído (además de pedirme publicidad gratuita :-)

Hace mucho que no transito el periodismo. Empecé mi vida laboral en La Nación, a los tres meses de haberme recibido de periodista en el viejo y tradicional Instituto Grafotécnico, y la terminé seis años después en el mismo lugar, con un retiro voluntario que me permitió pagar la luna de miel. Nunca trabajé en un medio full-time, siempre fui colaboradora permanente. También de Billiken durante un año, y de alguna que otra revista menor. Llegué a publicar en La Nación una nota por semana y con eso me bastaba. Claro que como escribía en el suplemento infantil quedé "marcada" y no se me consideró del todo periodista. Era una periodista de un género menor, nadie me iba a enviar a cubrir una noticia importante y "para grandes". No me importó (sí me importó pero soy de las que se hacen las superadas). El periodismo para chicos me dio gratificaciones (entre ellas, viajar a la Antártida fue mi gran logro gran) y llegué a agradecer la tranquilidad en la que trabajaba.
Claro que prefiero escribir ficción que periodismo. No me gusta depender de nadie para escribir, ni perseguir a nadie para que me dé una nota, ni consensuar los temas con mis jefes, ni escribir sobre cosas que no me interesan, ni hacerles publicidad gratuita a espectáculos y demás, ni desgrabar, ni vivir colgada al teléfono, ni irme a la loma del peludo por una nota de diez minutos, ni hacer notas que luego quedaban en parrilla por el resto de mi vida, ni pagar un eterno derecho de piso.
¿Qué es entonces lo que extraño del periodismo? El poder. Es eso. Me gustaba el poder que me daba el ser periodista. Amaba incondicionalmente mi pequeño carnet rojo de periodista profesional otorgado por el Estado. Me encantaba cómo me abría todas las puertas. Me gustaba decir "soy periodista de..." y que me dejaran pasar primera en cualquier sitio. Pedir hablar con x persona, y que x persona me atendiera porque soy "periodista". El glamour. La forma en que me miraba la gente cuando mostraba el carnet o me anunciaba. No pagar entradas (cosa que tampoco hago ahora por motivos mucho menos glamorosos). Conseguir entradas para espectáculos, muestras, etc, Invitaciones. Algún regalo. Cartas de agradecimiento. Me gustaba saber lo que la gente todavía no sabía. Me gustaba cuando me acompañaba un fotógrafo a hacer una nota. Me gustaba pertenecer al mundo del periodismo.

Eso extraño. Aún me sigo sintiendo periodista. Aún estoy atenta a lo que pasa a mi alrededor. Aún pienso como periodista. Pero mi carnet rojo está vencido y no creo que pueda volver a usarlo.

Tal vez algún día regrese al periodismo. Pero sin pagar derecho de piso. Y con la condición de que me renueven mi matrícula. Entonces sacare mi carnet rojo y con él se me abrirán todas las puertas.

26 octubre 2005

TODAS LAS SOMBRAS SON NEGRAS

Hace unos años me pidieron un cuento basado en un hecho histórico (a mi elección) para una antología de Ediciones Santillana titulada "Cuentos de la historia". Lo transcribo hoy porque está basado en la historia de Rosa Parks, fallecida anteayer. En el libro también hay relatos de Accame, Arias, Birmajer, Brizuela, Cáceres, Consiglio, Falconi y Laragione.

TODAS LAS SOMBRAS SON NEGRAS
Verónica Sukaczer

Un día cualquiera de diciembre de 1955, en un pueblo del estado de Alabama, Estados Unidos.

Hacía varios minutos que esperaba el único autobús destartalado que recorría el pueblo, y no podía dejar de sentir que ese día todo había salido mal: a la mañana había volcado el café con leche en la tarea que trataba de terminar a las apuradas; en la escuela me habían tomado una prueba sorpresa y ahora, que casi anochecía, tenía que viajar hasta una granja a buscar dos pollos para una cena que mis padres daban a no sé quién. Encima, el autobús llevaba más de diez minutos de retraso.
Parecía que el mundo se había enojado conmigo. Pues bien, ya llegaría mi turno de desquitarme.
El autobús apareció por el camino de tierra cuando ya estaba a punto de regresar a casa y sugerirle a mamá que cambiara el menú de la noche. Pero ni siquiera tendría esa suerte. Llegó destartalado como siempre, echando humo y levantando polvo y, para colmo, completo.
Subí de mala gana, saludé a John, el conductor, y me planté al frente, a ver dónde podía acomodarme para descansar los veinte minutos que duraba mi viaje.
Entonces la ví. Estaba sentada en una fila que no le correspondía, y se hacía la distraída, con la mirada perdida en el paisaje.
Me encaminé decidida hacia ella. Hoy no estaba para tolerar injusticias.
-Está en el lugar equivocado –le dije despacio para que entendiera. Papá me había dicho que a veces, los negros no entienden ni lo que se les dice en su propio idioma.
La mujer me miró y, de verdad, pareció no comprender. Tenía el rostro más arrugado que había visto en mi vida y una mirada que me reflejaba, aunque yo no quería verme en ella.
-No voy a esperar toda mi vida –me impacienté.
-Perdón, señorita –dijo por fin la negra con voz queda-, estaba cansada y el asiento estaba libre.
-Por menos han linchado a muchos –amenazó un hombre a mis espaldas.
No agregué nada. Esperé a que la mujer, con sus gestos lentos, desocupara el asiento, y enseguida me acomodé. Ella se dirigió al fondo del autobús, al lugar de los negros; yo no me dí vuelta para verla.

Regresé en el mismo autobús de John una hora más tarde, con dos pollos y sin problemas; y ayudé a mamá a preparar la comida, mientras ella me contaba que pronto llegarían los dueños de varios periódicos de los pueblos vecinos.
-Sus periódicos no son tan importantes como el de tu papá –me dijo-, y por eso vienen a pedirle asesoramiento sobre un grave problema. No tuvo que agregar que podía cenar con ellos, pero no hablar, y que todo lo que escuchara no debía salir de casa. Ya lo sabía de memoria.
Los hombres eran cuatro, y todos se parecían y hablaban al mismo tiempo de economía, de leyes y hasta de cómo redactaban las necrológicas, y yo deseé que llegara el postre para poder retirarme.
El postre llegó con la novedad: hacía pocos días en Montgomery, la capital del estado, una costurera negra se había sentado en un espacio reservado para blancos, en el autobús y, a pesar de los reclamos del conductor y de los pasajeros, no había aceptado dejar su lugar. ¡Se había quedado sentada!
Rosa Parks dijeron que se llamaba. Que no importaba que el autobús estaba casi vacío, escuché, que las leyes de Jim Crow* eran muy claras, que aquello era una afrenta y no podía permitirse, que fue inmediatamente detenida.
Luego escuché un nombre que no conocía, Martin Luther King. Decían que era un agitador, un pastor negro, claro, que con esa mentira de la resistencia pacífica había revolucionado a los negros.
Este Luther King, a pesar de que Rosa Parks, en un juicio justo había sido declarada culpable, había llamado a los negros a boicotear los autobuses. Ningún negro tomaría un autobús hasta que las leyes que indicaban cuáles asientos les correspondían fueran abolidas.
-Abolir leyes, que calamidad –exclamó mamá.
-Están caminando, los negros –dijo uno de los hombre. –Los malditos caminan kilómetros y kilómetros con tal de no subirse a un autobús
-¿Qué hacemos? –preguntó otro a papá.
-Nada –dijo papá. –No podemos informar algo así. Nuestros periódicos son la única relación que los habitantes de aquí tienen con la capital. Si contamos qué sucede, quizás nuestros negros se sumen al boicot, y eso no podemos permitirlo.
-Claro, -dijo uno.
–Es lo correcto –dijo otro.
–Para eso estamos –concluyó papá-, para enseñar y proteger a los habitantes. A veces lo tenemos que hacer callando.
-¡Muy bien! –exclamó alguien y, cuando todas las miradas me encontraron, me di cuenta de que había sido yo, y los colores comenzaron a subir por mis mejillas.
-¡Karen! –me regañó mamá.
Bajé la cabeza, avergonzada, pero uno de los hombres me salvó:
-Déjela que hable, señora, nuestra tarea es escuchar a la juventud.
Mi mamá no pareció muy convencida, pero yo había tenido un día más que malo, y quería hablar. Entonces conté lo que me había sucedido aquella tarde en el autobús, y todos me escucharon con mucha atención, intercalando exclamaciones y suspiros y, cuando terminé, papá me sonrió y dijo a los demás:
-¿Ven? La semilla de la rebeldía ya está sembrada. Es nuestro deber cortar las malas hierbas de raíz.
Yo no entendí por qué papá hablaba de jardinería, pero me alegré de haber hecho mi aporte, y me retiré para acostarme, no sin antes recibir el sermón de mamá:
-Aunque te haya salido bien –me dijo al oído mientras me despedía-, una niña de 12 años tendría que saber comportarse en una cena de adultos.
Vaya que había sido un día difícil.

Nada parecía diferente cuando me desperté la siguiente mañana: mi habitación estaba en su lugar, el sol entraba por la ventana, la tarea que tenía que entregar estaba lista... pero algo estaba sucediendo. El tum-tum de mi corazón no era el mismo...
Me incorporé y apoyé los pies en el piso con la esperanza de que el mundo dejara de dar vueltas, y entonces la vi. Más alta y más delgada que siempre, mirándome casi burlona, mi sombra era tan negra como el negro más oscuro. Tan negra como el rostro de la anciana negra del autobús de ayer. ¡Dios mío! ¡Mi sombra era negra!.
-¡No! –me dije levantándome-, que no sea cierto. No puedo ser negra.
Me acerqué al espejo con los ojos cerrados, tanteando el espacio y, cuando estuve frente al mismo, recité una y otra vez:
-No quiero ser negra, no, no quiero ser negra.
Abrí los ojos.
Seguía tan blanca y tan rubia como siempre. Dejé que el aire saliera lentamente de mis pulmones, y sonreí. Qué sueño espantoso.
No volví a pensar en aquello hasta que estuve vestida y con los útiles listos, y ella seguía allí. Mi sombra la negra, mi sombra tan grande y tan negra.
Desesperada, corrí las cortinas de la ventana para que se fuera con el sol, pero ella no se movió. Aún en medio de la oscuridad, mi sombra sobresalía.
Pensé en cómo soportar un día con aquella sombra negra. ¡Me moriría de vergüenza!.
Desayuné aún temblando, sin saber qué hacer. Mamá y papá parecieron no darse cuenta de lo que sucedía, como si despertarse con esta maldición fuera lo más normal del mundo.
-Estoy muy orgulloso de vos –me dijo papá al despedirse-, de tu comportamiento en el autobús y en la cena de ayer.
-Gracias... -respondí mirando a mi sombra de reojo.
-No hay nada que agradecer. Jamás vamos a permitir que un negro maltrate a una niña blanca. No todos somos iguales, Karen, así lo quiso el Señor.
Yo asentí sin mucha convicción. Mi sombra pareció ensombrecerse aún más.
-Hoy tendré un día fácil –me repetí mientras caminaba hacia el colegio. –Nada de pruebas sorpresa, y luego a casa a dormir y olvidar esta pesadilla. Mi sombra no dijo nada. Tampoco esperaba que opinara.
La ilusión de que una sombra negra no me traería problemas me duró hasta que pasé por un bebedero y, por costumbre, me incliné sobre el mismo para tomar unos sorbos de agua. Mi sombra me imitó.
-¡Los negros no pueden beber aquí! –le grité exasperada. ¿Cómo podría vivir tranquila, si mi sombra no sabía comportarse como una sombra negra?
-¿No ves el cartel? –señalé el letrero sobre el bebedero que decía “blancos solamente”.
Mi sombra levantó los hombros, altanera, y dio un paso hacia atrás, hacia el bebedero de los negros.
Fue apenas un empujón, una molestia. Como cuando alguien te tira del cabello. Mi sombra se estiró hasta llegar al lugar que le correspondía, y mi cuerpo pareció estirarse con ella. Sin embargo, era mejor sentirse de goma que compartir el bebedero con una sombra negra.
En el camino continuaron los sobresaltos; cada vez que una persona blanca se cruzaba con nosotras, mi sombra tenía que bajar a la calle para dejarla pasar, y yo volvía a sentir el tirón. La situación ya no me estaba gustando nada. La piel me picaba, los músculos me dolían de todo ese ejercicio.
Cuando llegamos a la escuela tuve que explicarle a mi sombra, como le había explicado a la mujer del autobús, con palabras sencillas, que no podía acompañarme:
-No pueden entrar los niños negros a las escuelas de los blancos. Ustedes tienen sus propias escuelas. Es la ley. ¿Está claro? Vamos a separarnos, pero sin tirones. No me gustan.
Mi sombra no pareció tener problema y, sin despedidas, tomó envión y dio un salto hacia atrás, un salto capaz de cortar la línea que la unía a mí.
-¡No! –grité asustada. Pero ya era tarde. Un dolor agudo me recorrió el pecho, como si se me resquebrajara, como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Me tambaleé y caí en el asfalto sin fuerzas. A cierta distancia, mi sombra me observaba con curiosidad, casi divertida. Me incorporé doblada en dos, para que no creyera que esta era su victoria, abrazándome a lo que me quedaba de cuerpo.
Mi sombra no cruzó la puerta del colegio, y aquellas horas fueron un suplicio. Era sólo una mitad que contaba los minutos que faltaban para volver a estar entera.

Me escapé de la escuela cuando supe que no podía soportar más aquello de estar dividida. Me fui para buscar mi sombra negra.
La encontré a pocos pasos de la escuela, tan clara que por un momento creí que se había vuelto blanca y estuve a punto de saltar de la alegría. Pero no, en cuanto me acerqué ella volvió a ser oscura como siempre –mi lejanía también la afectaba-. En cuanto nos unimos, mi dolor desapareció.
-No me importa de qué maldición saliste –le dije-, pero no vuelvas a hacerme esto. Vamos a casa a buscar una solución a este problema espantoso.
Quise darme vuelta y regresar a casa, pero mi sombra hizo ademán de caminar en dirección contraria.
-¡No! –grité asustada a mi sombra. –¡No vuelvas a irte! Duele demasiado cuando nos separamos.
Nos quedamos las dos paradas, midiéndonos con la mirada. Y entonces ella dio un paso, y otro, y comenzó a alejarse, y yo hice lo que nunca creí que haría. La seguí. ¡Seguí a mi sombra negra!.
Mi sombra me guiaba y yo, acobardada, le iba indicando por dónde debía caminar para evitar separarnos. Le iba mostrando los carteles de letras grandes que, de tan comunes, nunca había mirado. Los carteles que decían “negros no”, “blancos solamente”.
Caminar con mi sombra era como caminar por campo minado. Debíamos alejarnos de los comercios, del restaurante del pueblo, de las veredas por donde transitaban muchos blancos, ni siquiera podíamos compartir un baño.
Seguí a mi sombra tan preocupada por los obstáculos que no vi por dónde me llevaba y, antes de darme cuenta, estaba en el barrio negro y todas las cabezas acompañaban mi marcha con resquemor. La que se sentía libre era ella. Bailoteaba de aquí para allá con un ritmo de tambores.
Caminamos hasta la última casa, hasta una construcción más antigua que el tiempo, y allí mi sombra se acomodó en una hamaca de la entrada y comenzó a mecerse.
-Sos mía –le dije haciendo esfuerzos por contener las lágrimas-. Tenés que volver conmigo.
Mi sombra se hamacó más alto.
Comprendí que ella había llegado a su hogar, y que algo tendría que hacer para no perderla. No podría vivir con el dolor que me causaba su ausencia.
Entonces toqué a la puerta. Quizás un negro supiera como tratar a las sombras negras.
La puerta se entreabió con mucho ruido, y detrás de la madera adiviné el rostro arrugado de la mujer del autobús y el miedo de sus ojos, como si mi presencia blanca viniera acompañada del Ku Klux Klan** u otra desgracia.
-¿Usted? –exclamé. -¡Usted me hizo algo ayer, en el autobús! Y ahora... ¡ahora tengo una sombra negra!
-¿Y qué quiere que haga, señorita? –preguntó la mujer mostrándome una gran sonrisa con pocos dientes.
-¡Que me la quite, claro! Yo... yo no quiero tener nada que ver con negros, ni con sombras negras. ¡Pero tampoco puedo vivir sin una sombra!
-Yo no sé nada de brujerías, niña –dijo la mujer, que parecía entretenida con la situación. –Pero si usted tiene algo para ofrecerme... quizás pueda buscar ayuda.
-No tengo dinero –contesté aturdida, pensando en qué podía darle a esa negra.
La mujer se encogió de hombros y ya estaba cerrando la puerta, cuando hablé. Le conté lo único que sabía que no debía contarle: eso de Rosa Parks y el boicot a los autobuses. Le dije de Martin Luther King y su resistencia pacífica. Le confesé que el periódico del pueblo, y los de los pueblos vecinos, no lo informarían; pero que los negros, en muchos sitios, estaban luchando. Que hacían sentadas, que marchaban, que se hacían oír.
La mujer me escuchó sin decir palabra y, cuando terminé, sólo me sonrió.
-¿Ahora me va a quitar a mi sombra negra, sin que me duela? –pregunté esperanzada.
-Yo no sé nada de sombras, niña –dijo la mujer. –Y me parece que usted tiene mucha imaginación.
La mujer se metió en su casa y yo sentí que nunca había estado tan desvalida. Me senté en la hamaca con mi sombra, y nos hamacamos juntas. Aunque sea, ella aceptó regresar conmigo.
Volví a casa con mi sombra negra, tan negra como el negro más oscuro, tan negra como el rostro de la anciana negra.

Pocos días después, los negros de mi pueblo se rebelaron contra las normas de los blancos. La primera sentada fue un domingo, frente al restaurante en donde solían almorzar, a la salida de la iglesia, casi todas las familias blancas del pueblo.
Nadie pudo entrar, claro está y, tres semanas más tarde el dueño del lugar, vencido, decidió quitar el cartel que decía “Negros no”. Fue su primera victoria.
Hubo más protestas, otras sentadas, marchas. A pesar de la resistencia de los blancos, muchas cosas cambiaron. Los bebederos separados, las entradas diferentes en los edificios públicos, el hecho de que cualquier niño pudiera tratar a los negros como les diera la gana.
Otras cosas siguen como siempre. Ningún negro puede entrar todavía a mi escuela, y cuídese el joven de color que sea encontrado conversando amigablemente con una muchacha blanca. El Ku Klux Klan no perdona esas afrentas.

Regresé otras veces al barrio negro, empujada por mi sombra, que me amenazaba con separarse de mí si no la seguía. Regresaba siempre a la casa más antigua que el tiempo, a decir lo que sabía, y cada vez le pedía a la negra que me quitara la maldición, y cada vez ella sonreía.
Un día volví para contar que Martin Luther King había dicho: “sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, habrán de sentarse unidos en la mesa de la hermandad.(...) Sueño que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en un país en el que no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.
Papá nunca supo cómo los negros se enteraban siempre de todo lo que sucedía más allá del pueblo, si él, que era el único que tenía acceso a la información, no publicaba esas noticias en su periódico, y yo no se lo dije.

El día que no encontré a la anciana, supe que tendría una sombra negra toda la vida.
Me llevó años aprender a convivir con ella; olvidar todo lo que había aprendido sobre los negros, los prejuicios. Pero un día logré ver a mi sombra como a cualquier sombra, y dejé de pensar en su color. No sé, ahora, si hubiera preferido que la mujer me la quitara. Mi vida hubiera sido más fácil tal vez, pero... ¡dios mío! ¡quitarme mi sombra!.

Un día cualquiera de abril de 1968
Hoy hubo otra marcha. Una marcha silenciosa y triste, una marcha de pies lentos. Yo también marcho hoy, y reparto mi periódico a quien quiera recibirlo. Allí, junto a la noticia del asesinato de Martin Luther King, cuento la historia de una sombra negra.
Mi padre me encuentra cuando la multitud comienza a dispersarse. Hace mucho que no hablamos.
-Ojalá comprendieras, Karen –me dice-, que no todos somos iguales. Y que somos más los que pensamos así.
Yo sólo atino a señalar la luz del sol, y las siluetas que esta dibuja sobre la tierra.
-Mirá papá, todas las sombras son negras.

*las llamadas leyes “Jim Crow” segregaban todo aspecto comunitario de la vida de los negros del sur de los Estados Unidos. Estas leyes indicaban dónde podía sentarse un negro en un autobús, por qué puerta debía entrar a un edificio público, y que debían tener baños, escuelas, bebederos, restaurantes, etc, separados de los blancos. También prohibían los matrimonios mixtos, y hasta indicaban que debía haber dos Biblias en las cortes, una para que juraran los negros, y otra para los blancos.
**El Ku Klux Klan es una organización racista violenta, que fue creada en el sur de Estados Unidos en 1865, y que sobrevive hasta hoy en día. El KKK está formado por hombres blancos, cuyo fin es perseguir a los negros y defender la supremacía blanca. Ataviados con sus clásicas túnicas y capuchas blancas, han azotado, mutilado y asesinado a miles de personas, además de incendiar casas, iglesias y pueblos enteros.

24 octubre 2005

LITERATURA SE VENDE (2 NOTAS AL PRECIO DE 1)

Todos los que de alguna manera (por mérito o por habernos colgado) vivimos alrededor de la literatura, sabemos lo difícil que es dedicarse a escribir sin contar con recursos propios o con el apoyo -económico- de alguna editorial/mecenas/beca/chulo/etc. Es decir, escribir en serio sin necesidad de salir a trabajar.
Por eso propongo un método simple y sencillo de apoyo a la producción cultural. Algo que se hace en toooodos los otros campos de la cultura y que, por alguna razón seguramente oscura, no se hace con la literatura. El método del padrinazgo empresarial.

Vamos al ejemplo. Algunos saben que yo deseo, además de llegar a fin de mes (algo que ha quedado en el mar de las utopías), un televisor con closed caption y me gustaría, por qué no, una notebook Sony Vaio. Además no me vendría mal contar con el envío mensual de ciertos alimentos que ofrezco a mis hijos y que pesan en mi bolsillo (lomo, leche con hierro, Danonino) y otros elementos necesarios para la supervivencia (papel higiénico, productos de limpieza, nunca probé el Skip que dicen que es tan bueno). También saben algunos que escribo mucho -por gusto- sobre cómo las computadoras influyen, cambian, modifican y alteran nuestras vidas.
Entonces... yo no tendría ningún problema en escribir que mi personaje se lleva una Sony Vaio en su aventura, en vez de poner "computadora portátil", en ese castellano neutro que utilizo para todo Sudamérica. O que alguien está mirando la TV Panasonic pantalla planta de 29 pulgadas con closed caption, porque tuvo que bajar el volumen para escuchar también lo que dicen sus viejos de su futuro. O puedo poner, como al pasar, que el hermanito no quiere comerse su lomo y se lo da al gato, pero acepta el Danonino porque trae letras imantadas, que trata, sin éxito (aquí va el detalle gracioso) de pegar en el papel higiénico Higienol doble hoja.

Para mí no es un ningún problema. Si hay algún empresario leyendo esto, por ahí está mi e-mail. Hablamos y arreglamos. Yo estoy terminando un par de libros. Les doy un retoque y quedan listos. La Sony Vaio la quiero con grabadora de DVD, y la TV... ¿cuántas veces debería nombrarla para que fuera de plasma?
Un poco de apoyo a la literatura, muchachos, y les digo con qué computadora estoy escribiendo en este mismo momento, y qué marca de mate cocido estoy tomando, y qué lapicera a pluma (porque además soy amante de las lapiceras) me acompaña al lado del teclado.

LITERATURA SE VENDE (SI LEÍSTE LA DE ARRIBA, ESTA VA REGALADA)

A PEDIDO... DEL AUTOR

No tengo una opinión formada sobre las editoriales que cobran a los autores por publicarles el libro, ni sobre las personas que pagan por publicar. Sin embargo a veces fantaseo con un mundo idílico en el que estos libros y los "consagrados" se mezclan en las librerías, sin mención de editorial, y nosotros, lectores, elegimos qué leer sin ningún prejuicio, sólo porque una palabra, una frase, un comienzo, un final, nos atrapó de tal manera que necesitamos leer ese libro.
No tengo una opinión, digo, porque considero que cada uno es libre de hacer lo que le plazca, siempre y cuando no se meta con los demás. Como dijo Moisés Mendelssohn (siempre quise copiar esta frase y no encontraba dónde): "Dejemos que todo aquél que no altere el bienestar común; que obedezca al gobierno civil; que actúe virtuosamente hacia el prójimo; tenga derecho a decir lo que piensa, de rogar a Dios a su manera, y de buscar la salvación eterna donde piensa poder encontrarla". (Y eso aunque la salvación literaria nunca esté en un libro pagado por uno).
Ahora bien... sabemos que los libros pagados por el autor no pasaron por una selección, no cuentan con el aval de una casa editorial, no fueron debidamente leídos y corregidos, no hubo un editor que acompañara el proceso; y en general todo ese conjunto del que carecen significa, en gran parte, que también carecen de méritos literarios. Dicho en criollo: son malos. Pero alguien puso su alma ahí, su corazón, y quiere verlo en formato libro. Tal vez es alguien que plantó un árbol y tuvo un hijo... Entonces... y aquí viene todo el quid de la cuestión. ¿Por qué las tapas son tan pero tan asquerosamente feas? ¿Por qué las contratapas están tan pero tan mal escritas? ¿Por qué no hay nadie allí, en la editorial, o el mismo autor, que cuide un poco su producto, ya que sabe que no tiene acceso al mundo editorial "de verdad", y tendrá que competir, no digamos ya con autores, sino con equipos de marketing y de diseño que saben lo que hacen?

Cuando uno lee, por ejemplo: "Estos cuentos se refieren a la eterna lucha de los hombres para realizar sus objetivos. A veces los objetivos son exagerados, a veces son equivocados", o "A veces la poesía es un dolor, o casi siempre, no obstante todo me lleva a ella...", o "Vibrar frente a las historias es parte imprescindible de una vida sana. Cuando ese niño "siente" un cuento, "pinta" las imágenes desde su propia esencia", ¿no le dan ganas de salir corriendo? Si el objetivo de estos textos es que alguien compre el libro, ¿por qué no se le paga un salario decente a alguien que pueda escribir algo diferente a "ansiedad inagotable", "sensación de estar arrepentidos y la posibilidad de considerar a los demás", "no hay felicidad sin lucha", etc, etc? Habiendo tanto ghostwriter por ahí...
Y las tapas... con cualquier programa de diseño se puede hacer algo mucho más lindo. ¿Por qué esas fotos antiguas, esos dibujos infantiles, esa tipografía antigua, esos colores oscuros y apagados, esas reproducciones de cuadros que se parecen tanto a los que están colgados en el comedor de mi suegra?

¡Basta viejo! Si quieren publicar un libro publiquen lo que quieran, pero ¡cuiden el producto! Un libro entra por los ojos (y de todo lo que entra por los ojos y no por los oídos yo sé mucho). Lo que dice adentro, es otro problema, pero lo de afuera... algunos todavía amamos el formato libro, nos gustan los libros lindos, nos llaman la atención como la ropa de Zara que no podemos comprar.

Y juro... esto lo juro... que llego a encontrar otro libro infantil que lleva algún diminutivo como título... y... no sé qué puedo llegar a hacer.

19 octubre 2005

SE BUSCA AYUDA PARA ESCRITORA QUE NO SABE QUÉ ES

Angie me escribió en un comentario del post de abajo:

"En el colegio, área lengua estamos leyendo un cuento tuyo y tnego una tarea para el dia lunes 24 de octubre y es sobre uno de tus cuentos: "el último sobreviviente", en realidad la tarea es que debo buscar el moviminto literario al que perteneces y las características generales de tus obras(es decir de que hablan la mayoría de ellas)"
Viva la niña, le dan tarea y me busca en Internet. A eso lo llaman ser inteligente.
Ahora bien, en primer lugar lamento que Angie me tenga que leer para tarea, aunque después dice que el cuento le gustó. Ojalá me pudieran leer sólo por placer, pero para qué mentirnos. Los libros para chicos están atados a la escuela. Venden si la escuela los pide.
Vamos al siguiente ítem: ¿¿¿yo pertenezco a un movimiento??? ¿Desde cuándo? ¿Por qué nadie me avisó? ¿Por qué yo ando así, ignorante de la vida, escribiendo por el placer que siento en las entrañas al escribir, y resulta que me metieron en un movimiento sin preguntarme, y ni siquiera me invitaron a la fiesta?
No sé qué decirle a Angie, y ella tiene que presentar la tarea el lunes, y ahora me siento responsable por no saber. ¿Le puedo decir que soy anti-movimientos? ¿Le puedo decir que esas cosas las inventan los profesores para poder decir algo en la clase? En el fondo me encanta esto de pertenecer a un movimiento... para qué negarlo. Me produce un cosquilleo... ¡pero no sé a cuál!
¿Y la característica de mi obra?: escribo cuando se me canta y gano poca plata y siento que no me tienen en cuenta. Esas son algunas características. Escribí un libro de periodismo, un libro de cuentos relacionados con la informática, un libro de cuentos para chicos más chicos, de historias fantásticas y humor, un libro de curiosidades del mundo. ¿Qué tienen en común todos ellos, además de que los escribí yo?
¿Alguien puede ayudar a Angie y ayudarme a mí?
Angie: veremos si aquí recibimos respuesta. Temo que si invento algo para vos, el profesor te diga que estás (estoy) equivocada sobre mi (mi) obra. Y si no... copiate y después me contás a qué movimiento pertenecía.

Sí, ya sé, ahora estás frustrada. "Le pregunto a la autora y la mina una joda, pero nada que me sirva, al pedo total". Pero la verdad es que no sé qué responderte. Cualquier cosa, mandámelo al profesor.

18 octubre 2005

YO FUI UNA GHOSTWRITER

Tenía la edad de la esperanza y ninguna responsabilidad (léase hijos). Hacía tiempo que me picaba el bichito del guión, y el aviso que apareció en el gran diario argentino: "Se busca guionista", sirvió de carnada. Yo venía de leer guiones y algún que otro libro sobre cómo escribir un guión. Siempre sentí y supe que podía escribir lo que quisiera. La escritura es mi herramienta y la puedo usar como otros usan un destornillador: con inteligencia y creatividad. Escribí publicidad para amigos, tarjetas postales, algún discurso. Podría escribir el prospecto de un remedio si quisiera. Acepto sugerencias y me gusta que me guíen. Allí fui entonces a mi entrevista de trabajo, vestida para la ocasión (tal como las mujeres nos vestimos cuando queremos parecer profesionales pero dejar una estela de sensualidad).
El lugar era un pequeño departamento en el centro. Los que buscaban guionistas eran los autores del programa "Son de Diez", el más visto de canal 13 en ese entonces. No era para desaprovechar.
Para conseguir el puesto no alcanzaba la sensualidad. Había que escribir un capítulo sobre un tema propuesto, con todos los personajes. ¡Un capítulo completo de la nada! Sus 60 páginas.
Yo era, lo admito, seguidora del programa. Todavía escuchaba la TV con auriculares y me gustaba más "Son de Diez" que su archienemiga "¡Grande pá!", que también veía, para qué mentir. Pecados de juventud.
Escribí el guión. Tal como lo hicieron unas dos docenas de personas, creyendo, como lo hice yo, que si lograba escribir el programa ¡más-visto-de-la-te-le-vi-sión-ar-gen-ti-na! entraba al mundo del guión por la puerta grande, me salvaba la carrera, la vida y el bolsillo. Me iba para arriba.
Me dieron el trabajo. A mí y a un muchacho llamado Melchor.
Conseguí todos los trabajos en los que tuve que hacer una prueba escrita. Nunca conseguí los que se decidían luego de la entrevista. O no me funcionó nunca el aspecto profesional, o no dejé mi aura sensual. O hablando no transmito lo que transmito escribiendo. O se pueden ir todos los entrevistadores juntos a...
Empecé a trabajar y a escribir enseguida. Éramos tres "ghostwriter" y los dos autores, Diani y Di Conza, en el departamento. La forma de trabajar era la siguiente: el más experimentado hacía el script. Muchas veces con uno de los nuevos a su lado. Luego otro hacía un desarrollo de cada escena. El último dialogaba. En general dialogaba yo, porque era -y es- mi fuerte. Diani y Di Conza leían el resultado final, hacían correcciones, y luego partían. Los veíamos poco. Ellos vivían de contactos y reuniones y no sé qué. Nosotros escribíamos. Todo.
Escribí "Son de Diez" por casi un año. En ese tiempo nunca fui al canal. Nunca mi nombre apareció en un guión. Nunca conocí a nadie. Cuando alguien venía al departamento -sobre todo actores en busca de algún bocadillo-, nos hacían trabajar en una de las habitaciones, con la puerta cerrada. Nadie debía vernos. Nosotros no existíamos.
Yo, todavía, tenía esperanzas. ¡Estaba escribiendo el programa más-vis-to-etc-etc! Yo le escribía a la "Pechocha" lo que debía decir. Yo escribía los terribles chistes machistas de los personajes. Las dulces escenas de amor. Las historias de la empleada doméstica. Yo escribí un capítulo en que un personaje deja a la hija con todo ese verso de "no sos vos, soy yo". Yo indiqué cuándo debían llorar o reír. Y nadie lo supo.
¿Por qué lo hice? Lo hice porque de verdad creía que me estaba abriendo una puerta. No lo hice por los $800.- que me pagaban por mes, teniendo en cuenta que ellos ganaban miles por capítulo. Lo hice porque quería ser guionista de TV (todavía me gustaría serlo alguna vez más), porque era buena, porque era una oportunidad.
Cuando se acumularon muchos programas, a mí me pusieron a inventar programas nuevos, que ellos presentaban al canal con su firma. ¡Y yo lo hacía! Es decir: se me ocurría una idea. Escribía los personajes. Buscaba los decorados necesarios. Hacía un desarrollo de los primeros capítulos. Escribía algunos guiones.
Les ofrecí una historia basada en la novela "Violeta". Una chica, Sabrina, superdotada, en medio de una familia algo tarada. Un "Malcom" sudamericano. También escribí algunas películas para TV. Y si mal no recuerdo, otro programa era de una familia con un extraterrestre.
Tuve la inteligencia de, sin que nadie me viera, grabarme todos esos trabajos en diskette. Que de nada me sirven si ellos los registraron a su nombre -no lo sé-.

No fue una muy buena experiencia. Los autores tenían mal humor. Había gritos. Nos escondían cuando llegaba alguien. ¡Y trabajábamos de lunes a sábado! Como si hiciera falta para escribir un programa a seis manos...
Finalmente renuncié, sobre todo por lo de trabajar el sábado.

Volví a escribir guión, para un programa infantil que tenía Soledad Sylveira en canal 2 y que nadie vio ni recuerda. Apareció mi nombre en los créditos, y estuve un par de veces en el canal. Pero no logré hacer ningún contacto.

¿Qué nos lleva a convertirnos en ghostwriter?
Supongo que la falta de oportunidades, a muchos el dinero, y la viveza de otros que se aprovechan de buenos escritores que no tienen "nombre". Como yo, muchos lo hacen por exceso de ingenuidad. Porque creen que ser ghostwriter puede convertirse en un punto de largada. Tal vez uno o dos lo logran... el resto se queda en el camino.

Ahora mismo hay miles de "ghostwriter" haciendo el trabajo de otro. ¿Qué pasaría si se rebeleran? ¿Cuántas malas novelas de autoayuda quedarían truncas? ¿Cuántas "investigaciones" para libros? ¿Cuántos programas de TV? ¿Y qué pasaría si esos escritores fantasmas comenzaran a exigir que se los respetara y nombrara? ¿Que sus nombres aparecieran en los créditos?

Yo no podría firmar ni una palabra que no escribí, que no surgió de mí. Pero esa soy yo.

¡Levantaos "ghostwriter" del mundo, y rebelaos contra sus amos pocos creativos, que necesitan vuestras metáforas, oxímoron y metonimias para vivir! No son ustedes los que deben llamarse fantasmas, son ellos los que deberían conocerse como vampiros literarios.

Eso sí, si hay un buen sueldo de por medio, y no se trabaja los sábados, acuérdense de que puedo escribir cualquier cosa.

13 octubre 2005

CITA ES MEJOR QUE PLAGIO

Hoy descubrí que Jorgeletralia citó un post mío, y me encantó. Me sentí tan bien como cuando recibo un piropo en el momento justo, el comentario de un lector, la noticia de que se publicará un cuento mío. Que te citen es, en definitiva, una forma de quererte (aunque sea a través de tus palabras). Y todos aquí estamos buscando la aprobación del prójimo. Seguramente muchos hemos pasado por la etapa "no me importa el que dirán", pero esa es otra miserable forma de mentirnos. No podemos vivir sin los demás.
Cómo se habrá sentido entonces la escritora española Mónica Cavallé cuando Jorge Bucay la cita sin citarla, como se defiende él. Y a nosotros, pseudo-intelectualoides, nos encanta que le haya pasado esto a Bucay. Se lo venía mereciendo desde el día en que publicó su primera línea. Es, como dice también Jorgeletralia, otro asesino literario.

Pero en realidad no quería hablar de Bucay, porque el tema sólo me produce una morbosa alegría y nada más.

Quería contar que a mí también me plagiaron una vez, y el hecho no me encantó en absoluto como cuando me citaron. Yo suponía que si alguna vez me plagiaban sería de pura admiración hacia mi trabajo. Pero el sentimiento cuando leés tus palabras bajo la firma de otro autor es más de violación que de agradecimiento. Y eso que fue un plagio pequeño, un plagio de morondanga, tan estúpido que no puedo creer que la escritora no haya encontrado sus propias palabras para copiarme. Tan pequeño, repito, que a la editorial ni siquiera le interesó el tema y allí me abandonaron, con mi historia de plagio a cuestas.

Mi libro se titula "Periodismo", y salió publicado creo que en el ´92, por Ediciones Albatros. Es un manual de periodismo para chicos de edad escolar. Nunca tuvo publicidad, ni apoyo de la editorial y, cuando salió la segunda edición me hicieron firmar un contrato que les "regalaba" el libro por diez años. Que se cumplen el año que viene.

El otro se titula "Curso de periodismo", es de Inés C. Tenewicki y está editado por Editorial Troquel en el año '95, para chicos del secundario.

Vamos a los ejemplos (y transcribo poquitos porque si no se van a aburrir rapidísimo):

Yo escribo sobre la noticia: "Debe ser actual. Si Claudia y Gabriel hubieran esperado un mes para contar el descubrimiento de los peces muertos, ya toda la gente conocería el tema y no sería noticia".

Tenewicki escribe: "Que sea información actual y oportuna. Si nuestra publicación relatara el descubrimiento de los restos de dinosaurios una semana después, el público ya estaría enterado y no habría noticia".

Yo escribo: "Debe ser inédita. Si todos los medios de comunicación ya transmitieron la noticia de la contaminación del río, no tiene sentido que tú, como periodista, te pongas a gritar: "¡El río está contaminado!", como si nadie lo supiera".

Tenewicki escribe: "Que sea inédito. Si en todos los periódicos, radios y revistas ya se informó que aparecieron restos de dinosaurios, sería absurdo e innecesario que publiques en tapa "Aparecieron restos de dinosaurios".

Yo escribo sobre la entrevista: "Formula preguntas directas y cortas. Si Chaplin se va por las ramas, llévalo de nuevo al tema del que estaban conversando. ¡Importante! La repregunta: no dejes que tu entrevistado te responda "sí" o "no" a una pregunta. Son respuestas pobres. Si te sucede, utiliza la técnica de la repregunta. Se trata de volver a realizar una pregunta, pero de otra manera. Haz lo mismo si la respuesta no te satisface o si no está muy clara".

Tenewicki escribe: "No dejes que el entrevistado se vaya por las ramas. Vuélvelo al tema central, y si las respuestas no te satisfacen -porque son cortas, pobres, confusas o evasivas- repregunta. Es decir, formula la misma pregunta pero de otra manera".

Yo escribo sobre la fotografía periodística: "Debe servir para documentar un hecho, debe ofrecer un testimonio y siempre debe ser verdadera".

Tenewicki escribe: "puede servir para documentar un hecho y para aportar un testimonio, pero siempre debe ser verdadera".

Hay bastante más. Son siempre pequeños párrafos, la estructura de un capítulo, la forma de encarar un tema.
Eso sí, por suerte, yo aparezco en la bibliografía consultada.

Es la primera vez que hago público esto. Otra de las maravillas de tener un blog. Para mí fue siempre una espina clavada en mi carrera. Los periodistas refritamos siempre información, por supuesto. Utilizamos la información que publican otros medios. A todas las redacciones llegan las mismas gacetillas. Pero tenemos el profesionalismo, la decencia y la ética de decir las cosas con nuestras propias palabras. O la inteligencia suficiente para que no se note la copia.

Listo. Lo he sacado de mi sistema.

¿Hay algún abogado por ahí?